América Latina y el Caribe

  • Riesgos manufacturados afectan desarrollo agrícola rural

    Diego Arguedas Ortiz

    05/11/15

De un vistazo

  • El accionar de actores más poderosos para proteger su negocio cambia las reglas del juego en su región agrícola

  • Esta situación crea nuevos “riesgos manufacturados” para las comunidades rurales más pobres

  • Estas desigualdades imprevistas impiden el éxito de programas de reducción de la pobreza

[SAN JOSÉ] Cuando los actores más poderosos en zonas agroindustriales cabildean por cambios políticos y económicos que les permitan sobrellevar mejor la liberalización del comercio y el cambio climático, las reglas del juego cambian para toda la región agrícola, creando nuevos “riesgos manufacturados” para las comunidades rurales más pobres.
 
La conclusión la aporta un estudio publicado en Climate and Development (setiembre), que analizó el riesgo fabricado en una región agroindustrial; es decir, cómo la respuesta de algunos actores más poderosos ante cambios comerciales y escasez de agua afectó a agricultores con menos recursos.
 
La investigación examinó los esfuerzos estatales para proveer agua en una región semiárida de Costa Rica y descubrió que, si bien el programa logró suministrar irrigación en tiempos de sequía, las imprevistas complicaciones del mercado impidieron su éxito en reducción de la pobreza.

“Individuos y organizaciones con más poder para manipular el sistema están mejor equipados para adaptarse a la sequía y, al hacerlo, otras personas salen perdiendo”.

Benjamin Warner, Universidad de Massachusetts (EEUU)


“Los individuos y organizaciones con más poder para manipular el sistema están mejor equipados para adaptarse a la sequía y, al hacerlo, otras personas salen perdiendo”, explica Benjamin Warner, de la Universidad de Massachusetts (EEUU), uno de los dos autores.
 
Según Warner, los efectos son “en cascada”: primero, los empresarios agroindustriales más poderosos cabildearon por cambios políticos y legales en Costa Rica ante la inminencia de un tratado comercial entre Centroamérica y Estados Unidos.
 
En 2002 lograron la aprobación de la Corporación Arrocera Nacional, que facilitó la importación de arroz sin aranceles a los industriales, disminuyendo su demanda a los productores locales, que ignoraban o no pudieron reaccionar ante la liberalización comercial.
 
Al mantenerse el número de pequeños agricultores pero bajar la demanda —y al reemplazar los industriales un sistema de contratos fijos por uno de compras al primer postor— aumentó la competencia entre los arroceros más pobres.
 
Al llegar la sequía, el estatal Programa de Riego Arenal-Tempisque (PRAT) logró conseguir y repartir agua para todos, pero solo los agricultores que tenían los primeros turnos en el racionamiento podían sembrar, cosechar y vender, algo obviado por las autoridades del PRAT.
 
“El Servicio Nacional de Aguas Subterráneas, Riesgo y Avenamiento (que maneja el PRAT) se adaptó exitosamente al faltante de agua; es el mercado del arroz el que está fuera de control”, explica Warner.
 
Esto generó otro nivel de inequidad: algunos pequeños arroceros mejor informados o equipados modificaron ilegalmente el sistema de riego para plantar y cosechar antes, afectando a los más vulnerables que terminaron endeudados y sin vender sus productos.

Estos riesgos “fuerzan una adaptación que en este caso es más beneficiosa para el gran productor y menos para el pequeño productor ”, explica Laura Benegas, del Programa de Cambio Climático y Cuencas del Centro Agronómico Tropical de Investigación y Enseñanza (Catie).
 
Los científicos detallan que los programas de desarrollo deben ser más explícitos con sus objetivos, que deben monitorearse con regularidad, con mecanismos de renegociación que contemplen el sistema agrícola como un conjunto.
 
“Ya no podemos tener una organización enfocada solo en el agua o en el mercado. Necesitamos organizaciones sombrilla que coordinen esfuerzos”, apunta Warner.

> Enlace al estudio en Climate and Development