América Latina y el Caribe

  • Mundo en desarrollo busca su parte del botín en Antártida

    Paula Leighton

    10/02/14

De un vistazo

  • Aunque ampliamente protegida, la Antártida tiene inmensos recursos marinos y minerales

  • Los países están invirtiendo en investigación para asegurar su voz en el futuro del continente

  • También hay preguntas sobre cómo compartir los beneficios de la bioprospección

Creciente interés en recursos del continente está impulsando la investigación e inversión, reporta Paula Leighton.

[SANTIAGO] Con la reducción de los hielos del Océano Ártico llegando en 2012 a los niveles más bajos registrados debido al cambio climático, la apertura de nuevas rutas marinas, y el acceso a depósitos minerales  —incluyendo cerca de 30 por ciento de las reservas mundiales de gas no explotadas y 13 por ciento de su petróleo, según algunas estimaciones— la región ártica ofrece una potencial bonanza de recursos. Como resultado, los países están buscando influencia geopolítica y su participación en los derechos de explotación de pesca, minerales y rutas de transporte en la zona.
 
La fiebre por los recursos del Ártico tiene a más y más naciones buscando su tajada del pastel, con China, Corea del Sur, India, Italia, Japón y Singapur recibiendo el estatus de observador permanente durante el foro intergubernamental del Consejo Ártico en mayo.
 
Mientras, en el lado opuesto del planeta, las tensiones están aumentando silenciosamente en relación con la soberanía sobre el continente antártico, los recursos de su territorio y de sus  alrededores.
 
Pesquería abundante y una rica biodiversidad marina, así como reservas no exploradas de minerales, incluyendo depósitos de gas natural y petróleo, podrían convertir a la Antártida en otra frontera global en la búsqueda de nuevas materias primas. Solo en diciembre pasado, por ejemplo, científicos describieron en Nature Communications la identificación en la Antártida de un tipo de formación rocosa conocido por su potencial para el hallazgo de diamantes.
 
Una combinación de derretimiento de hielos causado por el cambio climático y menos nevazones, junto con nuevas tecnologías de perforación podría abrir este inhóspito continente a la exploración.
 
Aunque la única forma de exploración actualmente permitida en la Antártida es científica —dado que el Tratado Antártico y el Protocolo sobre Protección del Medioambiente de este tratado prohíben cualquier otra actividad relacionada con la explotación de los recursos minerales del continente— esto podría cambiar en 2048 cuando se abra a revisión la moratoria sobre la exploración y explotación [1,2].
 
Maniobras geopolíticas
 
Con ese plazo en mente, más naciones están deseosas de tener la palabra en las decisiones internacionales sobre lo que suceda en la Antártida.
Antarctica_NASA/Goddard Space Flight Center Scientific Visualization Studio, Canadian Space Agency, RADARSAT International Inc.
NASA
Texturas de las capas de hielo en la superficie de la Antártida. Oprima aquí para ver el original
Asignar un gran presupuesto a la investigación antártica y establecer instalaciones científicas en el continente se consideran formas adecuadas para que un país señale su presencia en este territorio. Expertos dicen que tales acciones podrían ayudar a futuras reivindicaciones en caso de ampliarse el acceso a recursos pesqueros o si alguna vez se entrega acceso a recursos minerales.
 
“En 2048 solo los países consultivos del Tratado Antártico tendrán derecho a votar [cualquier cambio propuesto al tratado]”, dice Marcello Melo da Gama, vicesecretario de la Comisión Interministerial para los Recursos del Mar (CIRM), de Brasil, la agencia responsable de implementar el Programa Antártico del país. Veintiocho países son miembros consultivos del Tratado Antártico porque fueron los signatarios originales o actualmente conducen investigación sustancial en la Antártida.
 
“Y los países necesitan tener una presencia en la Antártida, realizar investigación científica ahí e, incluso, instalar una base de investigación para convertirse en miembro consultivo. Esa es una de las razones políticas y estratégicas para tener una base en la Antártida”.
 
Como resultado, varias naciones están construyendo o esperan construir nuevos centros de investigación en el continente. Este año, tanto Brasil como China construirán estaciones de investigación.
 
“Los presupuestos para la investigación científica en la Antártida también son geopolíticos. Éstos no son solo para hacer ciencia, también son una forma de incrementar presencia, y eso pasa con todos los países”, concuerda José Retamales, director del Instituto Antártico Chileno.
 
“La Antártida es un tema político que tiene su expresión del día a día en la actividad científica. El Tratado establece que para que un país pueda sentarse en esa mesa de decisiones sobre la Antártida, tiene que ejecutar actividad científica en el continente”, agrega.
 
Veintinueve naciones operan 82 estaciones de investigación en el continente, según cifras del Consejo de Administradores de Programas Antárticos Nacionales. Cerca de 1.100 personas trabajan en ellas durante el año, llegando a 4.400 en la temporada de verano.  
 
Planes sudamericanos
 
Los países en desarrollo no son una excepción. Colombia está diseñando e implementando su Programa Antártico Nacional abordando investigación, gobernabilidad y protección ambiental y planea una expedición antártica en 2014-2015.
 
Ecuador y Venezuela cooperan en investigación antártica y logística, y comparten la estación de investigación ecuatoriana en las Islas Shetland del Sur. Colombia y Venezuela comenzaron recientemente a buscar asociaciones científicas con otras naciones ya involucradas en investigación antártica, con el objetivo de convertirse en miembros consultivos del Tratado Antártico, y tener voz en sus reuniones anuales. 
 
Argentina tiene seis estaciones de investigación permanentes y siete estacionales, y Brasil planea reabrir su base Comandante Ferraz, destruida por un incendio en febrero de 2012.
 
El presupuesto de Chile para proyectos antárticos (cerca de US$24 millones en 2013) ha ido en alza, con fondos provenientes de diversas agencias gubernamentales.
Antarctica 2_Trent Schindler, NASA Goddard Space Flight Center Scientific Visualization Studio
Trent Schindler, NASA
La temperatura en la Antártida cambia cada década. Oprima aquí para ver el original
“Chile tiene nueve estaciones de investigación y es uno de los líderes en investigación antártica en Sudamérica. De los ocho países latinoamericanos con programas antárticos prácticamente todos llegan hacia allá desde Chile”, dice Retamales.
 
El mes pasado Chile abrió una base dentro del Círculo Antártico sumándose a China y a los Estados Unidos como las únicas nacionaes que cuentan con una.
En los últimos diez años, ocho países adicionales han construido estaciones científicas, y otras, como China, Corea del Sur, India e Irán, han expresado interés en crear las suyas o aumentar las que ya tienen.
 
Cosechando beneficios
 
Chile podría beneficiarse de este creciente interés en la ciencia antártica. Ya hay investigadores de 20 países que cada año pasan a través de la austral ciudad de Punta Arenas rumbo hacia la Península Antártica, donde se ubica la mayor parte de las bases.
 
Marcelo Leppe, director del Departamento Científico del Instituto Antártico Chileno, dice que los países —particularmente aquellos alejados del Polo Sur— podrían ahorrar dinero aliándose con Chile, más que cubriendo largas distancias para enviar personas y equipamiento.
 
“Para el Programa Antártico estadounidense, por ejemplo, es nueve veces más caro enviar a un investigador a la Antártica que lo que le cuesta al programa chileno hacer lo mismo con un investigador nacional. China ahora está construyendo rompehielos y Corea del Sur acaba de terminar uno. Esos países tienen que cubrir esa misma enorme brecha para trabajar en la Antártica. Estrechar la cooperación con Chile podría acortarla al ahorrar dinero en logística”.
 
Leppe cree que Chile también ganaría. “En regiones como Magallanes [la región chilena más cercana a la Antártida] esta podría ser una fuente adicional de recursos para pasar desde una economía basada en la explotación de hidrocarburos a convertirse en un nodo de ciencia y tecnología polar”, dice.
 
Recompensa cautiva
 
Carbón, plomo, hierro, cromo, cobre, oro, níquel, platino, uranio y plata son algunas de las riquezas naturales de la Antártida. Y los mares de Ross, Weddell, Amundsen y Bellingshausen cuentan con vastos depósitos de petróleo y gas.
 
Esto no ha escapado a la atención de siete de los países signatarios del Tratado Antártico —Argentina, Australia, Chile, Francia, Nueva Zelanda, Noruega y el Reino Unido— que han hecho reclamaciones territoriales ante la Comisión de Límites de la Plataforma Continental de las Naciones Unidas para reivindicar sus derechos de propiedad sobre el lecho marino adyacente a los territorios antárticos que reclaman.
 
En 2011, durante la XXXIV Reunión del Tratado Antártico, Rusia expresó su interés en fortalecer su capacidad económica “a través del uso de recursos biológicos marinos disponibles en el Océano del Sur, y de complejas investigaciones de los minerales, hidrocarburos y otros recursos naturales” hacia 2020 [3].

 

“Si la tecnología permitiera que los recursos antárticos sean explotados sin dañar el medioambiente, es probable que los países discutan una convención sobre su explotación”

Antonio José Teixeira, CIRM


Sin embargo, incluso si las barreras legales a la explotación comercial de recursos minerales finalmente llegaran a levantarse, extraerlos será difícil, dice Retamales, del Instituto Antártico Chileno.
 
A diferencia del Ártico, que está conformado principalmente por océano congelado, la Antártida es un continente rocoso cubierto de hielo.
 
“La masa terrestre está protegida por una capa de dos a cuatro kilómetros de hielo. Hasta ahora eso ha sido una barrera contra la explotación industrial de recursos minerales”, dice Retamales a SciDev.Net.
 
“Es casi imposible con la tecnología actual perforar a través de esta gruesa capa de hielo. Por lo tanto, si a futuro hay explotación, lo más probable es que sea en el mar, cerca de la costa o costa afuera, donde es más fácil instalar una plataforma petrolera, aunque el mar se congele cada invierno. De manera que explotar recursos antárticos probablemente será una empresa costosa”.
 
No obstante, el retroceso de hielos, una reducción en la cobertura estacional de nieve debido al cambio climático y el mejoramiento de las tecnologías de perforación podrían cambiar esto en las próximas décadas.
 
“Si, en el futuro, los recursos minerales en otros lugares se agotaran y la tecnología permitiera que los recursos antárticos sean explotados sin dañar el medioambiente, es probable que los países discutan una convención sobre su explotación”, dice Antonio José Teixeira, consejero del CIRM.
 
Un frágil equilibrio

Algunos de los temas que finalmente podrían surgir en la Antártida ya se están viendo a través de disputas relacionadas con balances entre protección ambiental e intereses comerciales en el Océano del Sur, donde muchos países tienen valiosas pesquerías, particularmente del bacalao de profundidad y el krill.
 
Entre los estados miembros de la Comisión para la Conservación de los Recursos Marinos Vivos Antárticos, que regula las cuotas de pesca, están aquellos que favorecen una conservación más estricta y los que prefieren capturar más peces.
 
Planes que han tomado décadas para crear dos enormes áreas marinas protegidas para restringir la pesca alrededor de la Antártida fracasaron por tercera vez en noviembre pasado, debido a que los miembros de la comisión no lograron alcanzar un consenso.
 
Sin embargo, de acuerdo con los administradores de los programas antárticos brasileño y chileno, el impulso por la conservación todavía es más fuerte que el de la explotación.
 
Teixeira, quien es también un exsecretario ejecutivo del Comité Nacional de Investigaciones Antárticas de Brasil (CONAPA), dice que, debido a la influencia de los movimientos ambientales globales, cualquier gobierno que proponga explotar el continente podría dañar su reputación.
 
Bioprospección: amenazas y oportunidades
 
Pero una perspectiva menos amenazante y de más alta tecnología para beneficiarse de la riqueza de especies fuera de la Antártida también está tomando forma.
 
La variedad única de especies antárticas adaptadas a condiciones extremas podría convertirla en el lugar perfecto para descubrir organismos que puedan emplearse en investigación biotecnológica y para aplicaciones comerciales.
 
La bioprospección podría beneficiar a la humanidad y generar ingresos adicionales para impulsar centros de investigación antártica, dice Leppe.
 
Instituciones chilenas ya cuentan con patentes para compuestos anticancerígenos aislados de pastos antárticos y para generar piel artificial a partir de crustáceos antárticos, entre otros.
 
Oficinas de patentes de Europa y de Estados Unidos ya cuentan con cientos de referencias a moléculas de origen antártico, incluyendo algunas con potencial de curar heridas, así como compuestos antitumorales y proteínas anticongelantes para aumentar la duración de alimentos o prevenir que se formen cristales de hielo en los helados.
 
El Antarctic Bioprospector, una base de datos del Instituto de la Universidad de las Naciones Unidas de Estudios Avanzados, tiene 185 registros de elementos de investigación y comerciales provenientes de especies antárticas, incluyendo alimentos y bebidas, fármacos y productos cosméticos y aplicaciones para remediación agrícola y ambiental. Estos vienen principalmente del krill, microorganismos, esponjas, musgo y peces.
 
Leppe dice: “La investigación latinoamericana sobre microbiología y biología molecular [antártica] ha crecido enormemente, principalmente en Chile, Argentina, Brasil y Uruguay. Ellos son parte de una búsqueda de aplicaciones biotecnológicas”.
 
Falta de regulaciones
 
A diferencia de la extracción pesquera y mineral, actualmente no hay un acuerdo sobre la regulación de la bioprospección antártica. El tema fue discutido por primera vez en 1999 dentro del sistema del Tratado Antártico en 1999, y desde entonces ha recibido atención  —pero no una firme acción— en posteriores reuniones.
 
Uno de los principales frenos a la regulación es la cuestión de quién comparte los beneficios. Los acuerdos de beneficios compartidos que se aplican en otras partes del mundo, como las Directrices de Bonn (2002) o el Protocolo de Nagoya (2011), no rigen para la Antártida, donde nadie es dueño del territorio y no hay poblaciones autóctonas que puedan verse afectadas.
 
Kevin Hughes, de la oficina ambiental del British Antarctic Survey, dice que esto levanta una serie de preguntas sobre la definición de a quién le pertenece el material biológico antártico y cómo se relaciona esto con los derechos de propiedad intelectual que resultan de su desarrollo.
 
“¿Cómo podrías decidir qué proporción de cualquier beneficio comercial debería ser redistribuido para el beneficio de toda la humanidad? Más aún, ¿a quién le darías dinero?, ¿iría a las partes del Tratado Antártico o a algún organismo que represente a todas las naciones del mundo? Hay muchas preguntas no respondidas que aplican en la Antártica”, dice a SciDev.Net.   
 
Mientras hace una década muchos temían una inminente amenaza al medioambiente debido a la bioprospección, tales aprensiones no se han materializado.
 
En el pasado, la bioprospección era agresiva, con barcos sacando enormes cantidades de especies vivas y material desde el suelo marino, dice Leppe. Con tecnologías como la amplificación de ADN, sin embargo, solo se necesitan pequeñas cantidades de organismos, dice.
 
Pero Hughes advierte que todavía hay riesgos con organismos tales como plantas e invertebrados marinos antárticos que no pueden cultivarse fácilmente en laboratorio y por lo tanto necesitan ser cosechados.
 
“Debido a que las especies antárticas pueden tener un crecimiento muy lento, hacer esto a gran escala desde la tierra o el océano podría tener un gran impacto sobre las poblaciones y podría hacer mucho daño al ecosistema antártico”, explica.
 
Lo que suceda en 2048 es una apuesta, pero la investigación en la Antártida parece estar lista para seguir tan activa como nunca lo ha estado.

La versión original de este artículo se publicó en la sección global de SciDev.Net