América Latina y el Caribe

  • Las negociaciones climáticas deben ser integradoras

    Zoraida Portillo (Perú)

    11/12/14
[LIMA] Los aspectos socio-económicos del cambio climático han estado presentes en las negociaciones oficiales y eventos paralelos de la COP20. Más allá de discusiones técnicas, la necesidad de integrar los intereses y prioridades de los diversos grupos sociales ha sido una constante.

En entrevista con SciDev.Net, Ramón Pichs Madruga, doctor en economía nacido en Cuba, director del Centro de Investigaciones de la Economía Mundial y co-presidente del grupo de trabajo III del IPCC sobre evaluaciones de mitigación del cambio climático, habló sobre lo que implica esa integración en los esfuerzos de adaptación y mitigación del cambio climático, sobre los ritmos diferenciados entre la ciencia y negociaciones políticas y la necesidad de incorporar nuevas perspectivas, como la étnica y los saberes tradicionales, para evitar conflictos con las poblaciones locales en las medidas a implementarse.

En la síntesis del Quinto Informe del IPCC, presentado durante la COP20 y dirigido a los responsables de políticas, se exhorta a incorporar la ‘perspectiva étnica’ en los procesos de cambio climático. ¿Qué significa en la práctica?

Cuando el IPCC evalúa las actividades de adaptación/mitigación al cambio climático, se toma en cuenta el contexto del desarrollo sostenible. Y ello implica tener en cuenta las distintas perspectivas y las contribuciones que pueda hacer el conocimiento local y autóctono, pues muchas veces las prácticas de la población local pueden tener mucha relevancia, a partir de la experiencia acumulada con los años.

¿El IPCC encontró evidencias positivas cuando se toma en cuenta esas perspectivas?

La evaluación del IPCC demuestra cómo en la medida que se tiene una perspectiva más integradora en estas estrategias de respuesta, la posibilidad de que sean efectivas es mucho mayor. Por eso se habla de trayectorias de desarrollo sostenible que incluyan la adaptación y mitigación pero como dos componentes complementarios de esa estrategia.

Y en la práctica, ¿cómo integrar los conocimientos científicos validados con los saberes autóctonos?

Si bien el conocimiento autóctono es importante tanto para los esfuerzos de adaptación como para los de mitigación, en la adaptación es crucial porque los impactos se sienten en puntos muy concretos del planeta y a la hora de adaptarse a esas situaciones hay que tener en cuenta las particularidades de las comunidades locales. Si no, estaríamos hablando de la adaptación en abstracto. Cuando evaluamos la adaptación lo hacemos en cada realidad concreta de las comunidades y países.

Dejarnos contaminar por la lentitud de los procesos políticos sería un error para los científicos

Ramón Pichs Madruga

Entonces, en sus evaluaciones el IPCC sí toma en cuenta estos saberes…

Nunca hay que subestimar ese conocimiento ya que es fundamental para tener una visión integradora que es la que se persigue con este tipo de informes.

¿Cómo lograr que esas recomendaciones del IPCC se tomen en cuenta?

El IPCC no hace recomendaciones ni sugerencias de políticas sobre fórmulas o instrumentos a seguir, pero sí pone de manifiesto todo el menú de opciones para los actores, sean gobiernos, empresas, ONG, sociedad civil. Y uno de los mensajes fundamentales del IPCC se refiere a la importancia de la sostenibilidad —que  es un tema muy abarcador— y de la equidad en el contexto de las estrategias de respuesta frente al cambio climático.
En la medida que los resultados sean percibidos como equitativos para los actores de un determinado acuerdo o propuesta, las posibilidades de que se pueda llegar a una cooperación entre las partes interesadas más efectiva son mayores y ese es también un mensaje importante de los trabajos del IPCC.

En determinados momentos puede haber conflictos entre algunos procesos dde las estrategias de adaptación/mitigación pero también hay muchas sinergias que es importante aprovechar. Una política integradora en esa dirección debería potenciar la sinergia y neutralizar o evitar en el mayor grado posible los conflictos que pueda haber en ese sentido.

¿Qué brechas científicas cree que aún existen en el conocimiento del cambio climático?

Pienso que la ciencia demostró en las últimas décadas, y sobre todo desde la fundación del IPCC en 1988, que constantemente se aportan nuevas evidencias acerca del cambio climático, sus causas, la influencia cada vez más clara de la actividad humana, el carácter inquívoco del calentamiento. Es decir, la ciencia avanza con pasos importantes.

Sin embargo, en el mundo actual diría que se trabaja a dos velocidades: por un lado, la ciencia identifica rápidamente los temas desde la perspectiva física y de los impactos futuros en distintos países y regiones, y de los instrumentos de adaptación/mitigación. Evidentemente no todo está dicho, hay ciertos grados de incertidumbre aún, pero que se van disminuyendo a medida que los estudios avanzan.

¿Y cuál es la otra velocidad?

La otra velocidad avanza a un paso mucho más fragmentado, accidentando, lento, porque implica procesos políticos. La ciencia está haciendo un aporte considerable a los estudios, pero la ciencia sola no puede dar solución a los problemas del cambio climático. Se necesita una correspondencia entre lo que se va estudiando y evaluando con la toma de decisiones política de alto nivel por parte de la comunidad internacional que esté en correspondencia con esas evidencias científicas.

Usted en lo personal, ¿se sintió frustrado por esa velocidad más lenta de los procesos políticos?

Pienso que los científicos tenemos la obligación de ser optimistas y no decaer, independientemente de los procesos de negociación o de que los resultados de ese proceso sean lentos. La ciencia y el IPCC tienen la responsabilidad de aportar evidencias más claras, contundentes y rubustas. Lo demás sale de nuestras manos. Dejarnos contaminar por la lentitud de los procesos políticos sería un error para los científicos.

¿Lograremos un acuerdo climático global?

Repito: soy optimista. Está claro que se requiere de un acuerdo efectivo, duradero, que considere la sostenibilidad y equidad a la hora de establecer los compromisos internacionales y que tome en cuenta la responsabilidad de los distintos grupos de países en la generación de este problema. En fin, que el conjunto de instrumentos pueda ajustarse a las distintas realidades y singularidades de los distintos países, pero con la idea clara de que se requiere una acción inmediata.

En la medida que nos demoremos en tomar las decisiones a escala internacional los costos y riesgos serán mucho mayores. El informe del IPCC señala que mientras más se retrase la mitigación, las tecnologías que quedarían disponibles serán cada vez más costosas y riesgosas. Es verdad que la adaptación/mitigación cuesta, pero los costos son infinitamente menores a los costos de la inacción.

Finalmente, ¿cómo darle una perspectiva de derechos humanos a los esfuerzos de adaptación/mitigación?

Estas estrategias de respuesta deben concebirse en un contexto muy amplio del desarrollo sostenible, que incluye los pilares económico, ambiental y social. Es decir tomar en cuenta todos los intereses y prioridades de los diversos grupos sociales, incluidas las comunidades autóctonas. Cuando hablo del pilar social estoy incluyendo a los derechos humanos a la hora de pensar en soluciones efectivas y duraderas frente a cambio climático, porque no se trata solo de un problema ambiental sino también de desarrollo económico y social.