América Latina y el Caribe

  • Brasil: crece interés por lazos científicos con África

    Catarina Chagas

    01/08/13

De un vistazo

  • África tiene mucho que aprender de Brasil, por lo que están creándose colaboraciones emblemáticas

  • Intereses económicos, geopolíticos y solidaridad juegan su papel

  • Pero el impacto aún es incierto y Brasil tiene mucho que aprender de su rol en África

La década pasada significó un auge en colaboración científica entre Brasil y África, señala Catarina Chagas.

[RIO DE JANEIRO] Tres veces al año, el biólogo Wilson Savino deja sus oficinas en la Fundación Oswaldo Cruz (Fiocruz) de Río de Janeiro, Brasil, y sube a un avión rumbo a África. Tiene que tomar tres vuelos para llegar a Maputo, Mozambique, donde coordina el programa de Posgrado en Ciencias de la Salud, una alianza entre Fiocruz y el Instituto Nacional de Salud de Mozambique.

“La distancia geográfica es nuestra mayor dificultad”, dice. “Pero no es nada comparada con los resultados que obtenemos de este esfuerzo”.

Savino es tan solo uno de muchos investigadores brasileños que comenzaron a trabajar con África durante la década pasada como parte de sus actividades profesionales. Desde la época del gobierno de Luiz Inácio Lula da Silva (2003-2010), Brasil ha venido invirtiendo cada vez más en proyectos de colaboración con los países africanos, que abarcan ciencia, tecnología, educación y cultura.

Una combinación de intereses geopolíticos, solidaridad y —cada vez más— oportunidades de negocios, han impulsado el auge de la cooperación técnica y para el desarrollo entre Brasil y los países africanos lo que, según algunos, podría desafiar los paradigmas tradicionales de cooperación para el desarrollo en África.

Dicho continente comparte lazos históricos y culturales con Brasil, cuyos planes políticos de cooperación con África se remontan a la década de los años setenta y ha desarrollado una creciente dimensión económica en la de 2000.

“La cooperación y ayuda de Brasil al África está vinculada, en principio, con la ambición geopolítica y el interés económico, pero también con los sólidos lazos y afinidades históricas con los países africanos, relaciones que otros países emergentes… no tienen con África”, dice a SciDev.Net Patrice Clédjo, profesor de la Universidad de Abomey-Calavi y subdirector general del Centro Béninois de la Recherche Scientifique et Technique, organización de investigación de Benín.
 
Y según un informe de Gerhard Seibert, del Centro de Estudios Africanos del Instituto Universitario de Lisboa, en Portugal, Brasil “se presenta como un poder regional emergente que reclama un lugar en el nuevo orden internacional equivalente a su peso demográfico, político y económico”, siendo su enfoque para África “una parte integral de la ambiciosa política exterior global del país”. [1]

“Nuestra cooperación se basa en el principio de que las acciones deben fortalecer, en última instancia, a las instituciones nacionales de salud, para que puedan aumentar su autonomía y experiencia”.

José Luiz Telles


En la pasada década, el comercio entre Brasil y África aumentó en un 500 por ciento hasta alcanzar US$9 mil millones, escribe Calestous Juma, profesor de prácticas de desarrollo internacional del Centro Belfer de la Universidad de Harvard, Estados Unidos, en un reciente editorial. [2]
 
Las relaciones entre África y Brasil no están basadas solamente en afinidades históricas y culturales, sino que también son producto de serios esfuerzos diplomáticos, que acreditaron 19 embajadas brasileras en África durante el periodo de Lula, informa Juma. Con 37 embajadas en 54 países africanos, Brasil ocupa el quinto lugar entre los países con mayor número de embajadas en ese continente después de Estados Unidos, China, Francia y Rusia (y excluyendo a los países africanos).

Brasil proporciona apoyo en investigación y educación a los países africanos mediante organismos federales y estatales, cimentados en un fuerte compromiso político para fortalecer la capacidad científica y tecnológica en el propio país, agrega Juma.
 
Próximos pasos

Pero ¿qué depara el futuro para la diplomacia científica de Brasil en África?

En cuanto a iniciativas científicas, la salud es una de las áreas clave en las que Brasil podría tomar la iniciativa, y ya están en marcha proyectos para desarrollar esos lazos.

Fiocruz es la principal institución detrás de tales esfuerzos. “Hemos cooperado con África desde la década de los años noventa”, dice Jose Luiz Telles, coordinador de la oficina de Fiocruz en África, abierta en Maputo en 2008.
 
“Nuestra colaboración se basa en el principio de que las acciones deben fortalecer, en última instancia, a las instituciones nacionales de salud para que puedan aumentar su autonomía y experiencia para hacer frente a los graves problemas de salud de sus poblaciones”, subraya.

Con esto en mente, Fiocruz ha organizado cursos de fortalecimiento de capacidades, a partir de 2008, en Angola, Cabo Verde, Mozambique y Santo Tomé y Príncipe, los cinco países africanos de habla portuguesa.

Savino ayudó a desarrollar el programa de posgrado en salud en Mozambique y participó en su lanzamiento en 2008.

Los estudiantes, más de 20 graduados hasta ahora, tienen dos supervisores —uno africano y uno brasilero— y el programa incluye una pasantía en Brasil. “Los candidatos a maestría están verdaderamente interesados y la coordinación local es excelente”, afirma Savino.
 
Fiocruz tiene cuidado en garantizar que la cooperación brasilera con los países africanos respete las necesidades locales. “Nos gustaría ver que ambos lados aprendan de la cooperación y prevengan (cualquier) situación de asimetría de poder”, declara Telles.
 
Actualmente existe un gran número de proyectos de cooperación compartidos entre Brasil y África en Mozambique, país donde Fiocruz colaboró en la creación de una fábrica de medicamentos antirretrovirales en 2012. La fábrica pertenece al gobierno de Mozambique y producirá cinco fármacos contra el VIH/SIDA y otras medicinas para abastecer la demanda local y el mercado regional.

Otras iniciativas de salud en curso incluyen la creación de un Instituto Materno Infantil y de Salud para Adolescentes, también en Mozambique, un proyecto para mejorar el sistema de salud de Angola y una Red de Bancos de Leche Materna en diversos países, que tiene como punto de partida a Cabo Verde.

Fiocruz también envía vacunas para hacer frente a epidemias esporádicas, como los brotes de fiebre amarilla en Costa de Marfil y Sudán.

De la salud a la agricultura

Si bien la salud es la principal área de importancia de la cooperación entre Brasil y África, la agricultura no se queda atrás. Brasil tiene una fuerte capacidad de investigación agrícola que aún le sigue faltando a África, pero a la vez el continente representa un gran mercado para los productos brasileros.
 
Y mientras Lula subrayaba con entusiasmo la historia de solidaridad con África, la actual presidenta Dilma Rousseff parece especialmente dispuesta a promover las oportunidades de negocios para las corporaciones brasileras, empresarios y agricultores privados, poniendo énfasis en el carácter ‘mutuamente beneficioso’ de la cooperación, señala Lidia Cabral, científica social del Instituto de Estudios para el Desarrollo de Brighton, Reino Unido.

“La ciencia y la investigación cumplen un papel importante en la cooperación entre Brasil y África”, indica Cabral, quien acaba de publicar un documento para la nueva serie del instituto sobre el rol de China y Brasil en la agricultura africana, publicado en IDS Bulletin. [3]
 
En la agricultura, el actor principal es la Corporación Brasilera de Investigación Agrícola (Embrapa), que responde a las necesidades de la Agencia de Cooperación Brasilera del Ministerio de Relaciones Exteriores.

“Aunque hay un número creciente de instituciones brasileras de ciencia e investigación involucradas en la cooperación, Embrapa sigue siendo la protagonista dominante con una variedad de proyectos de investigación, capacitación y construcción de capacidades en muchos países africanos. Tan solo en un nuevo proyecto de cooperación en un país —ProSavana en Mozambique— hay hasta 16 unidades especializadas de investigación participando”, informa Cabral a SciDev.Net. “Los científicos de Embrapa son actores en la primera línea del desarrollo que viajan a los países africanos para compartir sus conocimientos, habilidades y experiencias”.

En marzo, Embrapa comenzó un proyecto de conservación genómica en Nigeria, como parte de la Plataforma Africana-Brasilera para la Innovación Agrícola del Mercado, iniciativa internacional puesta en marcha en 2010. También coopera con Angola, Benín, Burkina Faso, Cabo Verde, Chad, Congo, Ghana, Mali, Mozambique, Senegal, Tanzania y Togo; además, una oficina regional de Embrapa fue establecida en Ghana en 2005.
 
La colaboración funciona mediante esfuerzos de creación de capacidades y proyectos a gran escala.
 
Antônio Carlos Prado, coordinador de cooperación técnica del Secretariado de Relaciones Internacionales de Embrapa, precisa a SciDev.Net que están en marcha grandes proyectos, “amplias iniciativas que incluyen el establecimiento de entidades para poner a prueba las técnicas de Embrapa en otros países”.
 
Cinco de estos proyectos de gran escala ya están en curso. El primero busca aplicar las técnicas de producción de algodón desarrolladas en Brasil, como control de plagas y manejo de suelos, y lleva a cabo pruebas en diferentes variedades de algodón, producidas por Embrapa, en Benín, Burkina Faso, Chad y Mali.
 
El segundo investiga las técnicas de producción de arroz en Senegal. Los otros tres —todos en Mozambique y en asociación con Japón y Estados Unidos— están referidos a investigación agrícola, seguridad alimentaria y preservación de la sabana.
 
Sin embargo, las iniciativas de Embrapa no se limitan solamente a la cooperación científica para desarrollar proyectos específicos de investigación y mejorar el conocimiento agrícola, informa Prado. También involucran colaboración técnica: transferencia de tecnología y creación de capacidades entre los profesionales locales.

En lo referente a transferencia de tecnología, expresa Cabral, el énfasis de la cooperación científica y de investigación de Brasil en el sector agrícola va más allá de solamente transferir y adaptar la tecnología brasilera pues también incluye “el fortalecimiento de la capacidad de investigación agrícola en el África, un área que lleva mucho tiempo olvidada por los gobiernos y los donantes tradicionales”.
 
“La llamada ‘estructura de cooperación’ de Brasil tiene como objetivo ir más allá de los eventos e intercambios de capacitación de una sola vez, hacia una relación de cooperación de más largo plazo centralizada en fomentar la capacidad de los sistemas locales de investigación”, puntualiza.
 
Y Juma escribe: “Los grandes países africanos, como la República Democrática del Congo, Nigeria y Tanzania, así como los organismos regionales como la Comunidad del Este de África tienen mucho que aprender de las lecciones de Embrapa y de otras innovaciones institucionales brasileras”.

Ellos podrían aprender del enfoque de Embrapa, que combina el apoyo técnico y crediticio a los agricultores y de la capacitación a nuevos científicos, escribe, y podrían adoptar agencias similares que pongan énfasis en la aplicación de la ciencia y tecnología para impulsar la transformación agrícola.

“África debe aprovechar los logros de Brasil en ciencia y tecnología”.

Patrice Clédjo


Algunos ya lo están haciendo.
 
“Por ejemplo, Etiopía ha creado su Agencia para la Transformación Agrícola basándose en el modelo de Embrapa”, subraya Juma.

Clédjo también concuerda en que la colaboración científica con Brasil “debe mantenerse y fortalecerse porque Brasil es un ejemplo de éxito en casi todas las áreas para los países africanos”.
 
“África debe aprovechar los logros de Brasil en ciencia y tecnología. En agricultura y energía, Brasil lleva la delantera y ha desarrollado tecnología que África debe hacer suya toda vez que tiene casi el mismo suelo y clima”, opina.
 
Clédjo añade que la experiencia brasilera en energía sostenible atrae a muchos países africanos, entre ellos a Benín, que está comenzando a experimentar con la producción de biocombustibles derivados de la caña de azúcar, siguiendo el liderazgo de Brasil al respecto.
 
¿Solidaridad o interés comercial?

Brasil tiene convenios técnicos o de cooperación científica con una serie de países africanos, incluyendo Argelia, Benín, Bostwana, Camerún, Egipto, Gabón, Guinea-Bissau, Kenia, Marruecos y Sudáfrica, algunos de los cuales datan de la década de los años setenta, mientras que la Agencia de Cooperación Brasilera también promueve proyectos de cooperación entre Brasil y África en el sector de construcción, cultura y educación.  

Y los esfuerzos económicos se han intensificado en años recientes.

“Desde la década de 2000, Brasil se convirtió en un inversionista internacional”, recuerda Ana Elisa Saggioro Garcia Muller, experta en relaciones internacionales de la Pontificia Universidad Católica de Río de Janeiro y del Centro Político de BRICS con sede en esa ciudad.
 
“Brasil ha pasado por un proceso de internacionalización de sus instituciones con la apertura de áreas de cooperación internacional en sus ministerios, en la búsqueda de asumir un papel de liderazgo en la esfera internacional”, explica.

El país viene analizando y descubriendo los mercados africanos y se ha establecido como un protagonista importante en competencia con otros países, como Estados Unidos y, más recientemente, China.

Sin embargo, en opinión de Muller, la cooperación brasilera con los países en desarrollo, especialmente en África no es del todo desinteresada. “Involucra intereses económicos”, sostiene. “África es una región de expansión para las empresas brasileras, especialmente en exploración petrolera, minería y ahora en agronegocios. Es un territorio muy estratégico”, puntualiza.

Prado está de acuerdo: “Embrapa es una herramienta de la política externa de Brasil. No invertimos nuestros propios recursos financieros en estos proyectos: el dinero proviene de la Agencia de Cooperación Brasilera, y nosotros nos sumamos a la alianza con nuestros expertos y experiencia”, revela.
 
A través de Embrapa —con sus oficinas internacionales en Ghana, Mali, Mozambique y Senegal, y un Instituto de Estudios Estratégicos y Capacitación dedicado a la cooperación en agricultura tropical— y la Agencia de Cooperación Brasilera, el país está avanzando en su diplomacia agrícola con África.
 
Muller sugiere que las relaciones no son completamente altruistas sino que están dirigidas a establecer nuevas relaciones de poder en el contexto Sur-Sur. Entre las claras ventajas de Brasil se incluyen el aumento de las exportaciones y una base fortalecida en los mercados internacionales.
 
Países africanos como Nigeria, por ejemplo, están creciendo rápidamente, y esto refuerza el atractivo que África tiene para Brasil y otros países, señala Juma a SciDev.Net.

Según Juma, el viaje de la presidenta Rousseff a Nigeria en febrero fue para consolidar un convenio de cooperación que abarcó agricultura, energía y otras áreas.

“Casi para cada problema africano hay una solución brasilera de la que África puede aprender”, prosigue Juma. “La mejor ayuda que Brasil puede brindar a África es servir como modelo a seguir. Ambos tienen bastante en común, desde la geografía hasta la cultura. En el pasado, Brasil encaró los mismos retos que África tiene hoy, y las formas en que usó la ciencia y la tecnología para abordarlos ofrece importantes lecciones para África”, continúa.

Juma también añade que una asociación brasilera-africana debe ser parte de un acuerdo comercial más amplio que beneficie a ambas partes. Por ejemplo, “la experiencia de Brasil deteniendo el VIH tiene importantes lecciones para África”, señala.

“Pero es importante que cualquiera de las iniciativas que se aprendan de Brasil surjan de África y no sean impulsadas por Brasil”, advierte Juma. “Es una oportunidad para que Brasil promueva un nuevo enfoque de cooperación tecnológica internacional que se concentre en el aprendizaje y no en las conferencias”, agrega.

No obstante, a pesar del papel más que prominente jugado por Embrapa, Cabral dice que la investigación preliminar de su equipo cuenta con más de 20 organizaciones agrícolas brasileras, tanto públicas como privadas, directamente involucradas en actividades de cooperación para el desarrollo en los países africanos.
 
“Como lo sugiere nuestra investigación, estos diferentes actores congregan una variedad de experiencias sobre el desarrollo agrícola”, reconoce.

Esto significa que podría haber una gama de perspectivas, motivaciones y expectativas contrastantes sobre la agricultura, el desarrollo y la cooperación.
 
“La parte superior del orden del día puede estar dominada por agendas diplomáticas y comerciales relativamente coherentes, pero los diversos encuentros sobre el terreno probablemente están llevando la agenda en direcciones inesperadas”, señala Cabral.

Retos futuros

Brasil todavía se está adaptando a su creciente papel de liderazgo e inversión en las iniciativas internacionales, y tiene que hacer algunos ajustes.

Por ejemplo, Telles afirma que la iniciativa Fiocruz no tiene precedentes en cuanto a la búsqueda de representación del gobierno brasilero fuera del marco del ministerio de relaciones exteriores. “Hasta ahora”, señala, “hemos estado esperando una regulación adecuada del gobierno federal para nuestra oficina en África. Esta situación ha limitado nuestra actuación en el continente”. 

Y Brasil aún carece de mecanismos legales para facilitar la colaboración en África y otras regiones. Prado asegura que “las principales dificultades son operativas” y cita como ejemplo, las demoras en la adquisición y entrega de los equipos.

Y los efectos de la cooperación brasilera en la capacidad local de investigación en África aún están por verse.
 
“Es demasiado pronto para saber si la tecnología transferida desde Brasil a África estará en capacidad de fortalecer la generación de conocimiento local”, refiere Muller.

Cabral está de acuerdo.
 
“Son los primeros tiempos de la cooperación brasilera”, precisa. “Las iniciativas que conforman actualmente la cooperación brasilera son relativamente nuevas, la mayoría han sido introducidas en los últimos cuatro o cinco años”.
 
Los encargados de evaluar el impacto de estas iniciativas afrontarán retos significativos, añade. “La documentación del proyecto con objetivos y metas explícitas es escaso y los mecanismos de monitoreo y evaluación para medir el progreso están aún muy poco desarrollados”, concluye.

Colaboraron en este reportaje Christophe Assogba y Mićo Tatalović.

La versión original de este artículo se publicó en la edición Global de SciDev.Net