América Latina y el Caribe

  • Arquitectos humanitarios hacen completo su trabajo

    Rachel David

    27/11/15

De un vistazo

  • Es vital proveer rápidamente muchas viviendas tras los desastres

  • Pero los arquitectos deben trabajar estrechamente con personas locales en los diseños

  • Y las casas prefabricadas excluyen la labor local y los materiales

En la era de los horizontes, el acero y los grandes y famosos arquitectos, es fácil olvidar que la función básica de la arquitectura es proveer refugio. La vivienda, cuando se despoja de su habilidad de representar y de impresionar, vuelve a ser una necesidad básica. Esto es particularmente importante para comunidades que han perdido sus hogares tras desastres, o que viven en condiciones precarias al margen de la sociedad.

“Hay un papel mucho más amplio para arquitectos y para la arquitectura que lo que he aprendido en mi educación universitaria y en la práctica laboral, lo más tradicional de la arquitectura”, dice Esther Charlesworth, profesora de arquitectura en la Universidad RMIT en Australia y una de las fundadoras del Capítulo de Australia de Arquitectos Sin Fronteras (ASF), una organización sin fines de lucro que trabaja en la reconstrucción post desastres alrededor del mundo. “Vi que había un papel valioso para el diseño en la reconstrucción de las comunidades tras la guerra o un desastre”.

Charlesworth es parte de un área emergente de la arquitectura humanitaria, en donde los arquitectos se enfocan en proyectos con un propósito social. Esto puede incluir trabajar con comunidades vulnerables o rurales, o fijarse en cómo las personas pueden tener mejores viviendas durante una crisis y cómo la vivienda de largo plazo debería ser construida para ser más resistente a los desastres.

“Tienes muchos arquitectos con gran compromiso social que quieren involucrarse en la vivienda de bajo costo”, dice Ian Davis, quien enseña un curso sobre arquitectura humanitaria en la Universidad Brookes Oxford en el Reino Unido. Esto también se convierte en una realidad en países de bajos ingresos, así evidenciado por el hecho de que ASF tienen miembros en Benín, Congo e India, entre otros.

El área de trabajo más obvia para este trabajo es la reconstrucción post-desastre, por ejemplo, tras terremotos o tsunamis. Cuando golpean los desastres, las necesidades de vivienda pueden dispararse. Los terremotos de Nepal en abril y mayo destruyeron más de medio millón de hogares.

En tales situaciones, es natural para las agencias de cooperación proveer refugios lo más pronto posible. Pero una casa no es únicamente un refugio: es un espacio para que las personas vivan, y que lo llamen un hogar. Para dotar de una vivienda innovadora que perdure en el tiempo, muchos arquitectos están empezando a trabajar más de cerca con agencias de ayuda local y con las comunidades con las que planifican la labor.

Revertir los papeles

Los arquitectos que quieren trabajar en arquitectura humanitaria tienen mucho que ver con el ‘desaprendizaje’, dice Davis. “Los arquitectos suelen tener una posición férrea, por lo cual se contratan por su pericia y le dicen a las personas lo que requieren”, explica. “Pero en el área de desastres es crucial que apoyen lo que se está llevando a cabo, que entiendan que no están en un papel dominante”.

Ya sea que se trabaje durante una emergencia o a largo plazo, una manera de asegurar que los productos finales de la vivienda satisfagan las necesidades de las comunidades locales es involucrarlas a través del diseño participativo. Beatrice De Carli, arquitecta de la Universidad de Sheffield en el Reino Unido, trabaja con ASF-UK, entidad que colabora con ONG y universidades locales para desarrollar talleres que faciliten el diseño participativo con personas vulnerables en las ciudades.

“El fin primordial es desarrollar las capacidades de estas comunidades para hacer peticiones y afirmar su presencia en la ciudad”, indica. “Tratamos de construir herramientas que les permitan iniciar debates entre ellos, pero que también se articulen con las autoridades y las ONG locales sobre lo que ellos quieran alcanzar”.

En el 2013, De Carli estuvo involucrada en un taller de diseño participativo en Quito, Ecuador, en el que asistieron también personas que fueron expulsadas del centro de las ciudades por los incrementos en los precios [1]. Su objetivo era desarrollar un plan a largo plazo para asentarse en un terreno público deshabitado en las afueras del centro de la ciudad. Este plan luego fue empleado por la comunidad para iniciar conversaciones con los gobiernos locales sobre cómo obtener el permiso y los fondos para reconstruir sus viviendas.

Choques locales

Trabajar más de cerca con comunidades vulnerables también ayuda con la aceptación de nuevos diseños e innovaciones arquitectónicas. Por ejemplo, las personas pueden dudar sobre ciertos nuevos materiales o diseños que chocan con las tecnologías y costumbres tradicionales en construcción.

Jenni Reuter, arquitecta de Arquitectura Hollmen, Reuter y Sandman en Finlandia, experimentó este problema de primera mano. En el 2001, su equipo diseñó un centro de mujeres en Rufisque, Senegal, el cual fue construido a través de donaciones de caridad por parte de fundaciones, el gobierno finlandés y los locales.

“Hay muchas voces escépticas”, dice Reuter, cuando se trata de introducir nuevos diseños o materiales. En el caso del centro para mujeres, al arquitecto local le pareció que el plan del equipo de utilizar bloques de vidrio hechos a partir de botellas de cerveza recicladas podía ser ofensivo, ya que usar materiales ‘viejos’ era visto como una marca de la comunidad pobre. Y dado que Senegal es un país musulmán, también estaba justificadamente preocupado por el uso de materiales asociados con el alcohol, dice.

Pero las percepciones cambiaron cuando el equipo de Reuter le mostró al arquitecto local cómo los bloques de vidrio podrían transformar el espacio al permitir que entrara más luz. Esto significaba que los recursos locales y baratos podían usarse para terminar el centro.

Ir a través de estos procesos es más difícil durante situaciones de desastre, particularmente en las etapas tempranas de una emergencia. Casi nunca hay tiempo para hacer investigación sobre las tradiciones arquitectónicas locales o para discutir las tecnologías de construcción con las comunidades afectadas. Aquí, lo más importante es proveer cuanta vivienda sea posible, y lo más rápido.

En este punto es cuando el diseño contemporáneo y la tecnología moderna salen al frente. El recientemente desplegado Better Shelter es un ejemplo de esto –un hogar robusto de una sola habitación puede ser construido en pocas horas a partir de barras de metal y paneles de polipropileno. Este refugio puede ser usado en países como Etiopía y Nepal, y sus creadores siguen desarrollando el producto basados en la retroalimentación del usuario, creando una respuesta de doble vía hacia una vivienda mejorada.

La creciente importancia de la arquitectura humanitaria significa más y más refugios innovadores que están impactando en el mercado. La exhibición Diseño en General en Suiza ofreció un refugio de la firma de arquitectura Bureau A hecho a partir de aluminio plegado y sujetado con juntas de madera. También exhibió la casa de papel de té del arquitecto Shigeru Ban, construida con tubos de papel de su firma. Y este año se anunció que una compañía de ingeniería italiana ha estado desarrollando una impresora 3D gigante, la cual espera producir estructuras tales como casas al imprimir capas de materiales naturales como la arcilla.

Poco beneficio local

Innovaciones con diseño de alta tecnología pueden ser apropiadas para países ricos en recursos como respuesta a los desastres, pero Davis cree que desvían dinero de la reconstrucción esencial en países pobres –especialmente dado que no siempre hay necesidad de nuevos y ostentosos diseños para reconstruir adecuadamente.

También señala que muchas de las innovaciones se desarrollan y producen en países ricos, por lo que no ayudan a revitalizar la economía local ni proveen con trabajo a los locales, hundiendo la reurbanización de largo plazo.

Charlesworth coincide. “Todos son diseños e innovaciones interesantes, pero deben cuestionarse porque el envío de materiales prefabricados no implica mano de obra, ni materiales locales”, dice.

Otro problema es que cuanto más los arquitectos diseñan refugios para competencias y premios de innovación en vez de trabajar directamente con agencias de cooperación, más se alejan de las ideas alrededor del diseño participativo. Esto puede llegar al punto de que las firmas de arquitectura compiten por el bien de un premio, y no por las necesidades que las personas tienen en mente.

Es una forma sencilla de obtener publicidad, dice Reuter. Algunos de los más recientes productos en el mercado de vivienda de emergencia están siendo eliminados de las tradiciones de vivienda local, ellos no se sienten como en casa, dice Artur Feio, profesor de arquitectura e ingeniería civil en la Universidad de Lusíada en Portugal.

“Muchas de las personas que trabajan en [arquitectura humanitaria] llegan con diseños que son muy conceptuales y poco prácticos”, dice.

Arquitectos que trabajan en el corazón del refugio humanitario dicen que consultar a los locales es importante en cualquier situación, aún durante los desastres, cuando el tiempo es esencial. “[Las comunidades afectadas] usualmente son marginadas porque se cree que están aturdidas y que lo que necesitan es ayuda”, dice Davis. “Bueno, pueden requerir ayuda, pero aun así deben ser consultadas”. Incluso durante o después de los desastres, las personas deben y pueden tener un papel activo en la planificación de procesos, dice.

Tener personas locales involucradas en el diseño y construcción de refugios asegura que las capacidades de construcción sean transferidas a personas locales, dice Davis y menciona el ejemplo de ONU-Hábitat, que enseñó en el 2005 a las comunidades rurales de Paquistán cómo construir casas seguras, a prueba de terremotos, consistentes con las tradiciones locales [2].

Esto no solo aplica para arquitectura del desastre. Reuter cree que el intercambio de conocimiento entre los arquitectos y las comunidades para las cuales diseñan asegura una supervivencia a largo plazo de las casas innovadoras en las ciudades, mientras que los contratistas tienden a ser más hábiles –y a estar más dispuestos- a mantenerlas.

Los conflictos en marcha y el aumento de desastres naturales significan que la arquitectura humanitaria será más importante que nunca. Esto ha sido reconocido por arquitectos a lo largo del mundo, quienes están cada vez más interesados en esta dirección –la arquitectura humanitaria ha sido incluso escogida como el tema de la prestigiosa exhibición de arquitectura de la Bienal de Venecia 2016.

Lo importante es que aquellos que eligen seguir el camino de la arquitectura humanitaria piensen acerca de cómo sus innovaciones dejan un impacto en aquellas comunidades vulnerables o afectadas por los desastres, dice Reuter.

La versión original de este artículo fue publicado en la edición global de SciDev.Net y es parte del Especial en Crisis de vivienda: reconstrucción luego de la tormenta