América Latina y el Caribe

  • Hechos y cifras: soluciones para la crisis global de vivienda

    Monica Wolfe Murray

    27/11/15

De un vistazo

  • Población urbana en crecimiento y clima extremo se agregan a las presiones de vivienda

  • Alta tecnología y técnicas tradicionales que se ‘redescubren’ compiten por atención

  • La gente quiere hogares, no ‘unidades de vivienda’, y piden estar involucrados en la construcción

¿Cómo construir con menos? Monica Wolfe Murray señala tendencias y desafíos en la provisión de refugio.

La vivienda es una necesidad básica del ser humano. Sin embargo, a finales de 2015, más de 100 millones de personas siguen sin hogar, mientras que casi una de cada cuatro personas en el planeta –más de 1.6 mil millones - viven en asentamientos informales, inadecuados e inseguros, hacinados y sin servicios básicos como el agua y el saneamiento.

Asegurar una vivienda adecuada es un proceso complejo: largo, costoso y no del todo predecible. En el mejor de los casos, múltiples factores –sociales, económicos, ambientales y culturales - trabajan juntos para convertir un ‘refugio’ en un ‘hogar’, y gran parte del proceso de creación de un ‘hogar’ se mantiene fuera del alcance de un individuo o su comunidad.

Los desastres añaden requisitos de refugio que son urgentes y masivos a la ya vasta y crónica escasez de vivienda en el mundo en desarrollo (Cuadro 1). Pero la planificación y la reconstrucción después de los desastres es también una gran oportunidad: no solo para construir casas más seguras, sino también, y mucho más importante, construir comunidades más fuertes y más resilientes. Este artículo destaca algunos de los rasgos, ensayos y logros en el suministro de refugio después de los desastres, que podrían ofrecer inspiración, lecciones y herramientas en el esfuerzo por contar con viviendas seguras para quienes las necesitan.

Tendencias alarmantes

La gran misión global de asegurar refugio se viene desarrollando a pesar de unos antecedentes alarmantes –una ‘tormenta perfecta’ impulsada por la convergencia y la escalada de desafíos.

La población mundial está aumentando dramáticamente, con el crecimiento más rápido registrado en países de escasos recursos [1]. El reto de garantizar viviendas adecuadas para los millones que se suman día a día es asombroso. ONU-Hábitat estima que tres mil millones de personas adicionales necesitarán vivienda en 2030 [2]. Hace diez años, se calculaba que el cumplimiento de ese objetivo requería la construcción de 96.150 casas todos los días (4.000 cada hora) [2,3]. Estas sorprendentes cifras deben ser aún mayores hoy en día.

Más de la mitad de la humanidad vive en zonas urbanas. En países en vía de desarrollo, la urbanización desenfrenada se traduce en barrios marginales emergentes y en miseria. La misión de los planificadores y constructores, en un siglo de ciudades, es proporcionar vivienda, infraestructura y oportunidades de ingresos a los migrantes urbanos y adultos jóvenes.

Luego está el cambio climático. Sus efectos son cada vez más intensos y frecuentes: el clima extremo se está convirtiendo rápidamente en la nueva norma. Eventos destructivos relacionados con el clima pasan la cuenta cada vez más en los países de escasos recursos donde las personas son más propensas a vivir en estructuras inseguras y lugares peligrosos, sin ningún tipo de ahorro, seguro o ingresos garantizados. Es mucho más difícil para ellos reemplazar sus hogares y volver a empezar después de los desastres. Los conflictos y los desastres en los países en desarrollo tienen el insidioso impacto de profundizar y perpetuar la pobreza, así como erosionar la resiliencia comunitaria. En las áreas pobres, los desastres cobran más vidas, acaban con los activos y desgastan la capacidad y la confianza de las personas para recuperarse. Y los fondos de ayuda están disminuyendo, al tiempo que las necesidades de socorro y recuperación están creciendo. Está claro que, en los próximos años, muchas necesidades más tendrán que satisfacerse con menos recursos.


Cuadro 1. Estadísticas sobre desastres y necesidades de refugio
Desastres naturales:
  • 21.700 desastres naturales ocurrieron entre 1980 y 2014
  • 19.200 de ellos (89 por ciento) se relacionan con clima extremo; el 11 por ciento restante corresponde a fenómenos geofísicos como terremotos, tsunamis, actividad volcánica
  • 1.7 millones de personas han fallecido en desastres naturales desde 1980
  • Ocho de los diez desastres más mortíferos desde 1980 sucedieron en los últimos 13 años
  • Ocho de los diez desastres naturales más costosos desde 1980 sucedieron en los últimos 12 años
  • La frecuencia de los desastres naturales sigue creciendo:
  • 1980: 400 por año
  • 1990: 630 por año
  • 2000: 730 por año
  • 2007, 2010: 960 desastres anuales
  • 2014: 980 desastres naturales
  • 59.5 millones de personas fueron desplazadas por conflictos, persecuciones o desastres naturales al final de 2014. Si estas personas desplazadas fueran una nación, esta sería la 24ª más grande en el mundo.
Necesidades de refugio:
  • Un estimado de 100 millones de personas alrededor del mundo carecen de hogar
  • Cerca de una de cada cuatro personas vive en condiciones que lastiman su salud, seguridad, prosperidad y oportunidades
  • ONU-Hábitat estima que para el 2030, tres mil millones de personas más, cerca de un 40 por ciento de la población mundial, necesitarán acceso a vivienda. Esto se traduce en una demanda de 96.150 nuevas unidades asequibles cada día, y 4.000 cada hora
  • Para el 2050, se proyecta que un 70 por ciento de la población mundial vivirá en áreas urbanas, causando desbordamiento de tugurios y asentamientos no planificados
  • 23 millones de personas quedaron sin hogar por desastres en los últimos diez años
  • 144 millones de personas fueron desplazadas por desastres entre 2008-2012

 

Refugio tras la tormenta

El objetivo es producir no solo más casas, sino casas que sean seguras, asequibles –también de rápida construcción y sencillas de replicar, ampliar y mantener por las mismas personas que las necesitan. Aunque cada programa de reconstrucción humanitaria es único, hay algunas tendencias sobre cómo se construye la vivienda después de un desastre, y cómo el sector se ha desarrollado con el tiempo. La Tabla 1 resume las opciones y escenarios para la recuperación de la vivienda, destacando lo que las agencias de cooperación y las comunidades afectadas tienden a hacer después de un desastre. Están basadas en estudios de caso, testimonios de los expertos y la propia experiencia de los autores con los programas de reconstrucción de refugios. Inevitablemente, se generaliza para indicar tendencias, por lo que vale la pena señalar que las estrategias y los programas están cambiando a medida que la visión y la experiencia se profundizan con el tiempo (las tendencias actuales se discuten más adelante en este artículo).

Tabla 1. Refugio tras el desastre –dos perspectivas
  Población afectada por el desastre Voluntarios
LO QUE PASA DE INMEDIATO:
 
 
 
 
 
 
 
 
HOGARES CONSTRUIDOS TRAS EL DESASTRE:
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
CÓMO:
 
 
 
 
 
 
 
DURACIÓN:
 
 
 
 
DÓNDE:
 
 
 
¿PARA QUIÉN?
 
 
Abandonadas a su suerte, las personas:
  • Encuentran o improvisan refugios temporales.
  • Comienzan a construir sus hogares permanentes cuanto antes.
 
 
 
 
Diseño:
  • Vernáculo/tradicional
  • Copiando el diseño de las casas que fueron dañadas o destruidas en el desastre.
 
Materiales de construcción:
  • Recogidos o rescatados de los escombros de sus viviendas destruidas.
  • Alternativas naturales: madera, arcilla/barro, paja, cal, etc.
  • Los materiales de construcción se compran cuando es absolutamente necesario, por ejemplo cemento, barras de hierro, materiales para techos, etc.
 
Trabajo:
  • Las personas proporcionan toda la mano de obra básica que pueden, piden herramientas prestadas y aprenden de los constructores más experimentados en el proceso.
 
 
Seguridad –Reducción de riesgos por desastres (RRD):
  • Aunque la RRD se considera, la gente puede no saber cómo construir casas más resistentes.
  • Las limitaciones financieras y la falta de experiencia pueden traducirse en ‘recortar camino’ o en errores que debilitan estructuralmente el edificio.
 
La gente reconstruye casas permanentes, empezando con una estructura base, que van mejorando y/o ampliando de acuerdo con sus necesidades y cuando tienen el dinero para hacerlo. Este proceso, conocido como ‘refugio incremental’, se adapta a las necesidades y los recursos de las personas.
 
 
Los proyectos de autoconstrucción no tienen una duración determinada. Una vez que la estructura central está en su lugar, continúa siendo modificada, mejorada y ampliada. 
 
La gente tiende a reconstruir sus hogares donde estaban antes, y lo más cerca posible de sus medios de vida o fuente de ingresos.
 
 
El proceso de reconstrucción invariablemente refleja los recursos y el ingenio de cada miembro de la comunidad.
Estos recursos incluyen activos, la asistencia de familiares (por ejemplo, en la diáspora), y estrategias y conexiones que la gente usa para recuperarse.
A su llegada, los voluntarios:
  • Proveen refugios de emergencia, por ejemplo tiendas, carpas y lonas (fase de respuesta).
  • Proveen refugios transitorios: estructuras livianas con una corta vida útil mientras que las casas permanentes se construyen (fase de recuperación temprana).
  • Ayudan a construir viviendas permanentes (fase de reconstrucción).
 
Diseño:
 
  • Diseños estándar que se acoplen a los criterios establecidos entre gobiernos, donadores, agencias de desarrollo/ayuda.
 
Materiales de construcción:
  • Cuantificados, luego comprados a través de procedimientos de contratación.
  • Principalmente materiales de construcción modernos con poco espacio para opciones rescatadas o recicladas.
  • Materiales de construcción natural están recibiendo más atención últimamente.
 
Trabajo:
  • Varía desde el uso de contratistas de construcción externos a los modelos asalariados que emplean los artesanos locales y mano de obra, o donaciones en efectivo a los propietarios de viviendas que gestionan la construcción por sí mismos.
 
Seguridad – RRD:
  • La RRD es un criterio esencial para la reconstrucción post-desastre.
  • El diseño de la casa, los materiales de construcción y la tecnología están dando cada vez más importancia a la RRD.
 
 
 
Las agencias de cooperación tienden a usar un diseño armado y proveen una casa reconstruida estándar, que no siempre es fácil de ampliar o modificar. Por lo general los contratistas o la comunidad la construyen rápidamente. Sin embargo, cada vez más se está adoptando el modelo del refugio incremental, con estructuras base que los propietarios pueden ampliar posteriormente.
 
Los organismos de ayuda siguen plazos fijos para cumplir los requisitos de los donantes y los ciclos relativamente cortos de financiación.
 
 
Las agencias de ayuda a veces sugieren o apoyan la reubicación de las viviendas por razones de seguridad o consideraciones jurídicas y políticas.
 
Seleccionar a los ‘beneficiarios’ sigue siendo una de las principales preocupaciones de los organismos de vivienda. Se requiere de un buen conocimiento contextual y comprensión de la dinámica de la comunidad. La manera en que se selecciona a los beneficiarios influye en el éxito de un programa de reconstrucción. También puede desencadenar interrogantes éticos –por ejemplo, ¿en qué medida la reconstrucción reestablece la desigualdad, la injusticia y la vulnerabilidad que había antes del desastre?
 
Alta tecnología vs tecnología tradicional

Está claro que la reconstrucción después de un desastre es una tarea compleja. Las casas nuevas tienen que cumplir numerosos criterios antes de que puedan ser consideradas seguras y bien adaptadas a las necesidades de los propietarios (Cuadro 2) [4].
Cuadro 2. Criterios esenciales en la reconstrucción de la vivienda
Las viviendas reconstruidas en países de ingresos bajos deben ser:
  • Seguras — Con diseños que incorporen medidas de reducción de riesgos por desastre.
  • Adecuadas — Que provean suficiente espacio, ventilación, privacidad, seguridad, etc.
  • Apropiadas — Culturalmente, al respetar las tradiciones y la identidad cultural; ambientalmente, al minimizar el impacto sobre el hábitat local; y climáticamente, al asegurar la comodidad térmica de acuerdo con las condiciones climáticas locales.
  • Vinculadas— O por lo menos con fácil acceso al agua, saneamiento, sustento y servicios comunitarios
  • Asequibles — La reconstrucción debe ser de bajo costo, ofreciendo valor por dinero y permitiendo que las agencias humanitarias ayuden a un gran número de personas.
  • Replicables — Ofreciendo a las personas los recursos y el conocimiento para ampliar o replicar el inmueble.
Los trabajadores humanitarios han explorado las perspectivas de la innovación en el enfoque, la construcción de diseño, los materiales o la tecnología para la construcción de vivienda que cumpla con estos requisitos. Pero ¿es esta innovación tecnológica la clave para asegurar una vivienda adecuada para las miles de millones de personas que la necesitan, y puede apoyarlas en su ruta para salir de la pobreza y la vulnerabilidad extrema?

El término ‘innovación’ puede cubrir una amplia gama de significados: cualquier cosa, desde un ladrillo construido a partir de arcilla y cal hasta una casa impresa en 3D puede ser descrito como ‘innovador’. En el sector de la vivienda, el diseño y las innovaciones tecnológicas están polarizando a los expertos en direcciones opuestas: un retorno a lo vernáculo, por una parte, y los nuevos diseños, materiales y tecnologías, por otra.

Regreso a lo vernáculo

Cada vez más, los trabajadores humanitarios están buscando diseños de casas y técnicas de construcción tradicionales para inspirar la modalidad de innovaciones sencillas y de bajo costo que tendría mayor impacto. Este enfoque tiene ventajas considerables. La construcción vernácula es asequible, culturalmente apropiada, fácilmente replicable, ecológica y bien adaptada a climas diferentes (Cuadro 3). A menudo utiliza materiales naturales y sostenibles de origen local, y puede ser adaptada y ampliada gradualmente para satisfacer las necesidades de los propietarios.

Cuadro 3: La reconstrucción de Paquistán tras las inundaciones, 2010-2014 [5]

IEn el 2010, el monzón trajo inundaciones y devastación a las vastas tierras agrícolas a lo largo del valle del Indo, destruyendo dos millones de casas. La reconstrucción comenzó como un programa convencional –produciendo casas de ladrillo y cemento estándar-, pero pronto volvió a los materiales tradicionales y al diseño vernáculo para mejorar la eficiencia y el impacto.

Se hicieron varios cambios pequeños a los diseños tradicionales de las casas: se estabilizaron y fortalecieron paredes de tierra con cal –un material barato y local que mejora enormemente la resistencia al agua y reduce el impacto ambiental del proceso de construcción; se construyeron techos más amplios, con aleros salientes para proteger las paredes de la lluvia; el nivel del suelo fue elevado para la construcción de la vivienda, lo cual ofrecía protección contra el estancamiento de agua.

Se utilizaron materiales de construcción locales cuando era posible: tierra, bambú, cal, madera y paja.
 
El uso de métodos convencionales probablemente hubiera permitido a las agencias de cooperación albergar a 35.000 familias. Mediante el uso de diseños y tecnologías vernáculas, en cambio, fueron capaces de ayudar a más de 107.000 familias y el costo de la reconstrucción de una casa se redujo de £750 a £200-£250 (aproximadamente de US$1.160 a US$300-400).
 
En general, la entrega de vivienda a 107.000 familias utilizando protocolos de reconstrucción convencionales habría costado US$77 millones más y hubiera emitido un adicional de 100.000 toneladas de dióxido de carbono a la atmósfera. 



Remitirse a tiempos remotos de la construcción también puede proporcionar alternativas viables hacia materiales y métodos insostenibles. Un ejemplo de ello se observa en regiones semiáridas de África, donde la construcción tradicional con mucha madera agota los bosques y es cada vez más costosa. Una técnica antigua de construcción del alto Egipto –la Bóveda de Nubia- ha inspirado casas duraderas construidas con materiales locales y naturales, tales como ladrillos de barro y morteros de tierra con costos mucho más bajos. El método se utiliza en seis países y continúa propagándose en todo el continente.

Nuevos diseños y tecnologías

En el otro extremo del espectro, los expertos de la vivienda y las empresas proponen nuevos diseños, materiales de construcción y tecnologías para responder a las crisis de vivienda en países de escasos recursos. La gama de ideas es enorme, con algunas soluciones audaces ofrecidas para satisfacer las necesidades urgentes o de largo plazo. El galardonado diseño de tienda de Abeer Seikaly, por ejemplo, utiliza materiales duraderos de última generación en un patrón de tejido tradicional para producir un refugio de emergencia resistente a la intemperie y accionado mediante energía solar. Refugios de transición prefabricados son un ejemplo de las unidades de vivienda ligeras que son modulares y fáciles de transportar y montar. Y un número creciente de empresas está empezando a hacer demostraciones de casas permanentes impresas en 3D que, sostienen, hacen que la tarea de la reconstrucción después de los desastres sea más fácil. Pero esta hipótesis aún no se comprueba en un escenario humanitario (Ver Cuadro 4).

Estas soluciones son sin duda ingeniosas para hacer frente a uno o más de los desafíos de reconstrucción que se detallan en la Tabla 1, pero a menudo lo que determina su suerte es el criterio que no cumplen. ¿Son seguras las viviendas? ¿Los dueños pueden mantener estas construcciones, reproducirlas o ampliarlas? ¿Son asequibles? ¿Cómo pueden ser transportadas y ensambladas rápida y económicamente? Los financiadores y quienes ejecutan las respuestas humanitarias harán estas y más preguntas antes de que un nuevo diseño puede hacer la transición de la mesa de dibujo a ser ensayado y finalmente aplicado a escala en una situación de crisis.

La experiencia también demuestra que las comunidades rechazarán diseños que no encajen en su cultura, sus necesidades y aspiraciones. Y los voluntarios cuestionan justamente la ética de la prueba de nuevas invenciones de vivienda con las personas afectadas por los desastres, que no tienen voz ni voto en el proceso.

Cuadro 4: Impresión 3D: potencial y trampas

Es difícil ignorar el potencial de la impresión en 3D en varios sectores de la acción humanitaria –desde la asistencia sanitaria a la provisión de agua, saneamiento y vivienda. ¿Sería poco realista imaginar que la totalidad de la asistencia para refugio después de un desastre podría consistir en el envío de una impresora 3D a la zona afectada y empezar a trabajar?

Las impresoras 3D podrían producir una casa permanente en un día, usando materiales naturales y locales, tales como tierra o arena. Los diseños se pueden adaptar para satisfacer las necesidades y criterios culturales. Es imposible estimar los costos de la tecnología en sí, pero algunos creen que los fondos podrían ahorrarse al no pasar por las costosas etapas que implica la asistencia de refugio.

En el lado negativo, las casas impresas en 3D no tienen historial de durabilidad o seguridad, y hay preocupaciones éticas sobre probarlos con personas que no tienen opciones. La gente nunca podrían replicarlas, ampliarlas o mantenerlas.

Y, lo más importante, proveer este tipo de refugio significa menos participación o enfoques de la comunidad. Es, una vez más, un producto, en lugar de un proceso de construcción de la comunidad.


Aunque sean emocionantes, bellas o prometedoras, la mayoría de las ideas y prototipos propuestos por los países ricos son rechazados por los expertos de vivienda que trabajan en situaciones de la vida real en el mundo en desarrollo. Por el contrario, los enfoques más modestos siguen ganando terreno y popularidad. Estas soluciones suelen ser pequeñas y simples, de baja tecnología y de bajo costo; hacen grandes mejoras en la calidad de la vivienda; son aplicables ampliamente y por cualquier persona; e imponen la más ligera carga posible sobre el medio ambiente.

Cambio en la construcción

Más allá de las innovaciones, los problemas y desafíos esenciales de proporcionar refugio son los mismos que hace cinco décadas. El aprendizaje no es fácil de transferir y replicar, ya que cada situación tiene su propio contexto. Para tener éxito, cada programa de construcción o reconstrucción debe resonar con un trasfondo complejo y en constante cambio de las realidades económicas, políticas, sociales y ambientales.

Estos ajustes multifacéticos e impredecibles hacen que sea un reto para las agencias de ayuda o desarrollo el reunir pruebas, comparar, aprender o estandarizar –la rueda necesita ser reinventada, hasta cierto punto, cada vez. Sin embargo, aunque no hay un plan que se adapte a todos los contextos, existen principios y parámetros comunes para orientar la planificación y el diseño de la vivienda.

Durante la última década, los programas han comenzado a situar a las personas que necesitan refugio en el timón. La idea de que quienes son afectados por desastres, conflictos, dificultades urbanas y pobreza puedan reconstruir sus propias casas no es nueva. Pero tal vez es solo ahora que las organizaciones de vivienda están permitiendo informar sobre su estrategia. Reconocen que toda persona tiene derecho a un hogar que sea seguro y culturalmente apropiado; una casa que se ajuste a sus necesidades y aspiraciones. Una vez establecida esta premisa básica y acordada por todos, algunos principios rectores se vuelven muy claros.

En primer lugar, la vivienda es un proceso complejo, no es un producto con fines humanitarios para su distribución. Los requisitos de los donantes y la rendición de cuentas hacen que sea muy fácil concebir al refugio como un producto para ser ‘entregado a los beneficiarios’. Pero este enfoque de arriba hacia abajo, conducido por donantes y paternalista, ha excluido a menudo a los eventuales dueños de la casa de cada decisión, así como del proceso de construcción en sí. Esto puede dar lugar a tensiones o conflictos. Después del tsunami del Océano Índico, por ejemplo, mientras que los contratistas comerciales desembarcaban en las islas de las Maldivas para construir casas estándar diseñadas por los ingenieros del gobierno, los habitantes solo podían observar, discutir y quejarse de cada detalle y aspecto de ‘su’ reconstrucción. Este enfoque está cambiando gradualmente. En lugar de hablar de ‘unidades de vivienda entregadas’, los informes de vivienda ahora se refieren a ‘personas asistidas’ [6].

En segundo lugar, la construcción de la vivienda es un ‘proceso de apropiación’. La recuperación después de un desastre es más rápida y exitosa si los miembros de la comunidad pueden tomar decisiones acerca de la reconstrucción, e incluso liderarla. Los trabajadores humanitarios y los donantes están aprendiendo a colocar el mismo –o más- peso en acercamientos ‘ligeros’ que incluyan informar, comprometer, capacitar y empoderar a las comunidades a reconstruir sus propias casas. La estrategia de reconstrucción tras el terremoto de Nepal –con donaciones en efectivo y capacitación- es el último ejemplo de este enfoque.

En tercer lugar, la gente quiere ‘hogares’, no ‘unidades de vivienda’. Los trabajadores humanitarios actúan cada vez más tras la comprensión de que un ‘refugio’ se convierte en un hogar solo cuando se cumplen varias necesidades esenciales: la subsistencia, la infraestructura, los servicios esenciales y la condición jurídica, la capacidad de recuperación económica y la sostenibilidad ambiental. En zonas rurales de Pakistán, por ejemplo, después de tres años de graves inundaciones (2010-2012), los esfuerzos de reconstrucción del Departamento de Desarrollo Internacional del Reino Unido también apoyaron la agricultura, la siembra de árboles, huertas, agua y saneamiento, al reconstruir la infraestructura y tomar medidas de reducción de riesgo de desastres [5]. Inmediatamente después de las inundaciones, las ONG distribuyeron kits para refugios de emergencia, que consisten principalmente de cañas de bambú y lona. Estos materiales fueron reutilizados para construir casas permanentes. Las organizaciones comunitarias gestionaron subsidios en efectivo para reconstruir sus hogares en un proceso que aumenta la confianza de la gente en sus propios recursos, habilidades y capacidad de recuperación.

Finalmente, el entorno construido afecta la vulnerabilidad de la población ante los peligros naturales. Hay una diferencia fundamental entre los peligros y los desastres: los peligros son impredecibles amenazas naturales –terremotos, inundaciones, erupciones volcánicas; son las decisiones de desarrollo tales como dónde y cómo construir una casa que pueden convertir estas amenazas latentes en desastres. Son las propias construcciones las que definen la vulnerabilidad de sus habitantes y los riesgos que enfrentan.

Esto subraya la oportunidad y la responsabilidad de reconstruir casas más seguras después de los desastres. La primera tarea es identificar las medidas que hacen que la construcción sea mejor y más segura, y adoptar estas medidas a partir de las prácticas de construcción de la comunidad. Por ejemplo, después del tifón Haiyan en las Filipinas, se promovieron ocho medidas básicas para aumentar la seguridad y la resistencia de las nuevas construcciones. El simple enfoque de dar a conocer mensajes clave puede tener un gran impacto en las técnicas de sensibilización y construcción de la gente.

El futuro de los refugios

La gente siempre encontrará maneras y recursos para asegurar su vivienda, a pesar de que sea insegura e inadecuada, y ya sea en entornos urbanos densos o en medio de la devastación de los desastres. Cualquiera que sea el contexto, los mayores retos siguen siendo los mismos: la reconstrucción con una comprensión de los riesgos y el impacto ambiental, y visualizar la vivienda como parte de la capacidad resiliente de la comunidad, junto con componentes tales como los medios de vida, la salud y la cultura. Asegurar la tenencia de la tierra y el acceso a la financiación son desafíos adicionales y cruciales.

Algunas de las soluciones de alojamiento utilizadas por el sector humanitario después de los desastres ahora inspiran e informan a las personas que trabajan para hacer frente a la escasez crónica de vivienda de largo plazo en las zonas urbanas. Realidades urbanas específicas, tales como alta densidad y necesidades de infraestructura complejas, hacen que una simple transferencia de un modelo de refugio sea inviable, pero un enfoque de refugio centrado en las personas puede servir para la población urbana también.

Por ejemplo, la investigación de Arif Hasan y su equipo en los barrios pobres de Karachi ha demostrado que la reubicación de bloques de apartamentos –la solución de los planificadores- por lo general conduce a más pobreza y al aislamiento. En cambio, la planificación de los asentamientos urbanos de bajos ingresos que se pueden ampliar de forma incremental por quienes los ocupan –un enfoque liderado por los propietarios- facilita el progreso económico y social [7].

Mientras tanto, en las ciudades, empresas de arquitectura siguen proponiendo alternativas altamente técnicas para tugurios urbanos, como los rascacielos de aspecto futurista que usan contenedores reciclados como bloques de construcción para proporcionar un tipo de refugio provisional para reemplazar viviendas precarias. Pero ¿satisfacen las necesidades, estilos de vida o medios de vida de estas personas? Lo más probable es que no: son costosas de construir y completamente fuera del control o de la cultura de los potenciales habitantes.

Proveer vivienda para los miles de millones de personas que la necesitan sigue siendo un reto complejo y abrumador. Pero décadas de asistencia en áreas urbanas y rurales afectadas por catástrofes, migración o dificultades económicas han demostrado que el mayor impacto no proviene de la tecnología, sino de involucrar a las comunidades en la construcción de sus propias viviendas. El verdadero progreso tiende a provenir de pequeñas y simples mejoras en diseño que todos pueden utilizar; de un regreso a lo tradicional y lo natural; del cuidado de la seguridad y el medio ambiente y, sobre todo, de involucrar a las familias en la creación de sus hogares y sus hábitats.

Monica Wolfe Murray es escritora y editora, y exconsultora de diseño e implementación de programas en ONU-Hábitat. Puede ser contactada al correo [email protected]

La versión original de este artículo fue publicado en la edición global de SciDev.Net y es parte del Especial en Crisis de vivienda: reconstrucción luego de la tormenta