América Latina y el Caribe

  • Complejo Nuclear Attucha, situado a 115 Km de Buenos Aires

  • Provincia patagónica prohíbe central nuclear

    Martín De Ambrosio

    08/09/17

De un vistazo

  • Prohibición solo obtuvo un voto en contra y se teme que otras provincias sigan el ejemplo

  • Central nuclear iba a generar 1.150 MW de potencia adicional de energía eléctrica

  • Proyecto es parte de acuerdos con China que incluyen dos megarrepresas también cuestionadas

[BUENOS AIRES] La provincia Río Negro, en la Patagonia, prohibió la instalación de centrales nucleares en su territorio, convirtiéndose en la primera de las 24 provincias argentinas en ejercer tal derecho.
 
La de Río Negro iba a ser la quinta planta atómica generadora de energía eléctrica para el país. Las otras son: Embalse (en la provincia de Córdoba) y Atucha I y II, en funcionamiento; y Atucha III en construcción, ubicadas en la localidad de Lima, provincia de Buenos Aires, a poco más de cien kilómetros de los diez millones de habitantes que conforman la capital argentina y alrededores.

“Colocar la quinta central nuclear en otra provincia era una buena idea, que se gestionó de manera muy improvisada”.

Diego Hurtado, ex titular de la Autoridad Regulatoria Nuclear argentina.

 
El propio gobernador de Río Negro, Alberto Weretilneck, impulsó a principios de año el proyecto, financiado por el estado chino. La ley de prohibición obtuvo solo un voto en contra.
 
“Consideramos que es un triunfo del pueblo de Río Negro, que desde un principio se movilizó, sobre todo en la zona de la costa atlántica, donde se iba a instalar la central. Sabíamos que una mayoría no estaba de acuerdo, algo que advirtió el gobernador. En estos días después de la prohibición, las encuestas marcaban hasta un 80% de la población en contra”, señaló Sergio Vázquez, de la Asociación Ecologista Piuké, con sede en Bariloche.
 
Para el sector nuclear, la prohibición es un revés a un desarrollo que tiene décadas de tradición en el país; algunos medios incluso especulan con un posible efecto cascada que animaría a otras jurisdicciones a prohibirla también.
 
“Colocar la quinta central nuclear en otra provincia era una buena idea, que se gestionó de manera muy improvisada”, dice a SciDev.Net Diego Hurtado, profesor de la Universidad Nacional de San Martín y ex titular de la Autoridad Regulatoria Nuclear argentina.
 
“Primero arregló el gobernador con el ministerio nacional de energía y luego se trabajó sobre la población. Debió ser al revés: hacer estudios geológicos y ambientales, presentar el proyecto a la población y luego decidirlo, si hay consenso. Se evidenció una bajísima calidad institucional para gestionar un proceso que es de capital intensivo y tiene una percepción negativa: nadie quiere una central de potencia en el jardín de su casa, pese a que trae beneficios económicos aparejados”, añadió.
 
Según Hurtado, dichos beneficios van desde creación de puestos de trabajo, hasta escuelas técnicas y desarrollo científico-tecnológico, además de ayudar a reemplazar importaciones del sector energético gracias a los 1.150 MW de potencia adicionales que aportaría. El proyecto, de unos US$5 mil millones y con tecnología distinta a la de las anteriores centrales del país (uranio enriquecido y agua liviana versus la ya usada de agua pesada), igual seguirá su curso pues forma parte de una serie de acuerdos con el gobierno de China, que tampoco están exentos de polémica, como la construcción de dos megarrepresas en la provincia de Santa Cruz, que también ha generado desacuerdos en la comunidad científica.
 
Se prevé que la central cuya construcción se ha prohibido en Río Negro termine conformando un complejo, junto a las otras tres centrales Atucha.