América Latina y el Caribe

  • Radar latinoamericano: Juegos con obstáculos

    Carla Almeida

    18/07/16

De un vistazo

  • Río 2016 llega en un año complejo para la ciencia, la política y la economía local

  • El zika y el control del dopaje desafían a la organización de la competencia

  • La ciencia puede asistir a esos retos, pero sola no garantiza su solución

En agosto, los ojos del mundo estarán en Río de Janeiro, donde se celebran, por primera vez en América del Sur, los Juegos Olímpicos. Muchas de estas miradas se entusiasmarán con la mayor fiesta del deporte mundial, pero algunas de ellas serán de preocupación.
 
Además de la complejidad logística que involucra la organización de un evento de esta proporción, sobre todo en un país que atraviesa una grave crisis económica y política, esta edición de los Juegos Olímpicos enfrenta desafíos adicionales, algunos de los cuales implican particularmente el ámbito de la ciencia.
 
El brote repentino del virus zika —que estalló en el país a menos de un año del evento y la evidencia de su relación causal con la microcefalia y otras enfermedades neurológicas— llevó a los científicos de diferentes países, preocupados por la propagación desenfrenada de la enfermedad, a defender la cancelación, aplazamiento o traslado de la competencia olímpica.

Para mostrar que el temor carece de base científica, investigadores brasileños reunieron una serie de evidencias que señalaron que podría esperarse un pequeño número de casos de zika en agosto, cuando es invierno en el hemisferio sur y el mosquito vector de la enfermedad, el Aedes aegypti, tiene dificultades para completar el ciclo de transmisión del virus.
 
Estos datos, algunos publicados en revistas científicas, dieron respaldo a la decisión de la Organización Mundial de la Salud de mantener los Juegos Olímpicos en la misma fecha y lugar, evitando pérdidas y tranquilizando al Comité Río 2016.

Por su parte, la lucha contra el uso de sustancias y métodos ilegales por parte de los atletas para mejorar su rendimiento en las pruebas deportivas continúa quitando el sueño de mucha gente antes, durante y después de la competencia olímpicas.
 
La ciencia contra el doping
 
La confirmación, en noviembre de 2015, de la existencia en Rusia de un sistema institucionalizado de dopaje que involucra a atletas, entrenadores, oficiales de control de dopaje, dirigentes de las federaciones deportivas y funcionarios del gobierno encendió una alerta roja en la comunidad deportiva mundial.
 
Aunque la práctica no sea rara ni reciente, el caso de Rusia sorprende por la dimensión del esquema montado, por la red de actores implicados y por haber ayudado a construir una potencia olímpica cuya verdadera fuerza está ahora en jaque.
 
Pero el caso no solo sorprende. También deja cierta desconfianza: si cuesta tanto descubrir un esquema de este tamaño, ¿cuántos otros, de menor proporción, pasan inadvertidos por las autoridades del control de dopaje? O peor, ¿cuántas de esas autoridades son también parte del problema?
 
Respecto a la primera pregunta le corresponde a la ciencia buscar respuestas. Con la transformación del deporte en una industria de mil millones de dólares, la cantidad de sustancias y métodos usados por los atletas para potenciar su rendimiento sólo va en crecimiento. En ese sentido, el caso reciente del meldonium, un fármaco que ingresó a la lista de sustancias prohibidas al comienzo de 2016 y que llegó a los titulares de los diarios por causar la suspensión de la tenista rusa Maria Sharapova, es sólo uno más.
 
En cambio, la perspectiva del dopaje genético —que es la alteración de genes de los atletas para mejorar el rendimiento, y que ha sido posible por el desarrollo de la terapia génica— pone en grave riesgo la integridad del deporte y la salud de los atletas. Por lo tanto, es fundamental la inversión alta y permanente en políticas científicas capaces de acompañar, anticipar y frenar la industria de dopaje.
 
Para la segunda pregunta, sin embargo, la ciencia no puede dar respuesta. Por más que se desarrollen métodos antidoping cada vez más sofisticados, la ciencia no es capaz de garantizar que sean usados de manera ética y correcta.
 
Rigidez y suspensiones
 
En un intento de disipar el clima de desconfianza en vísperas de los Juegos Olímpicos, los organismos deportivos y fiscalizadores han reforzado el discurso de tolerancia cero contra el dopaje y tomaron medidas severas para frenarlo. Una de ellas fue la prohibición del equipo de atletismo de Rusia de la próxima competencia en Río.
 
La Autoridad Brasileña de Control de Dopaje también se unió al discurso y a las acciones. Después de la gran repercusión del escándalo de Rusia, la organización fortaleció el sistema de control de dopaje en el país, aumentando la cantidad de exámenes realizados sin aviso previo en los atletas brasileños con más probabilidades de ganar medallas.
 
Además, el país empieza a implementar el pasaporte biológico de sus atletas. Considerado ahora como el método más eficaz para el control antidopaje, este pasaporte es capaz de revelar, a partir del perfil fisiológico individual, los efectos del dopaje en atletas incluso cuando no se identifica la presencia de sustancias ilegales en su muestra de sangre u orina.
 
Pero la entidad no contaba con la suspensión —determinada por la Agencia Mundial Antidopaje (AMA), a menos de dos meses de los Juegos Olímpicos— del Laboratorio Brasileño de Control de Dopaje (LBCD), el brazo principal del sistema antidopaje del país.
 
Suspendido por la AMA en 2013 por no adecuarse a los estándares exigidos por la agencia internacional, después de eso el laboratorio recibió del gobierno de Brasil un nuevo predio y una buena cantidad de recursos para la compra de equipos, materiales, insumos y muebles, además de una alta inversión en formación de recursos humanos.
 
Reacreditado en 2015, el laboratorio funcionaría como centro oficial de pruebas de dopaje para los Juegos Olímpicos, realizando cerca de cinco mil exámenes durante el evento. Luego, su infraestructura será absorbida por la Universidad Federal de Río de Janeiro, a la cual está vinculado el laboratorio, convirtiéndose en uno de los mayores legados de los Juegos Olímpicos para Brasil y para América Latina.
 
La justificación presentada por la entidad de suspender temporalmente el trabajo del laboratorio son las mismas razones vagas de 2013: una actuación fuera de los estándares. Sin más detalles resulta difícil juzgar si la decisión es pertinente o si es más fruto de la presión post-escándalo ruso. En cualquier caso, hay esperanza de que la suspensión sea revisada después de la visita técnica de la agencia al laboratorio.
 
Pero si se mantiene la decisión, las consecuencias serán muy negativas tanto para la organización de los Juegos Olímpicos, que tendrán que enviar cinco mil muestras a otro laboratorio acreditado fuera de Brasil —o montar en tiempo récord un laboratorio temporal sólo para la competencia—, como para el sistema de control de dopaje del país, que comienza a consolidarse.
 
Para la ciencia brasileña, que pasa por un momento crítico, de corte de ingresos y el desarme de su estructura política, es un duro golpe.


Carla Almeida  
Carla Almeida es periodista brasileña especializada en ciencia e investigadora en las áreas de divulgación científica y comprensión pública de la ciencia. Ha colaborado con SciDev.Net desde 2005.