América Latina y el Caribe

  • Cárceles de Brasil pueden ayudar a evitar epidemias de TB

    Camille Dornelles

    23/11/15

De un vistazo

  • Las cárceles tienen una de las tasas más altas de tuberculosis en el mundo

  • Debido al hacinamiento y la mala ventilación el riesgo de transmisión de TB entre prisioneros es de 78 por ciento

  • Mejorar la ventilación puede reducir hasta 38% el riesgo

En las cárceles —habitualmente hacinadas y con pocas ventanas, y donde se detectan las tasas de tuberculosis más altas del mundo— mejorar la ventilación puede reducir hasta 38% el riesgo de transmisión de la enfermedad, y así mejorar el control de la epidemia fuera de estos establecimientos.
 
Así halló un estudio publicado en la revista American Journal of Tropical Medicine and Hygiene (AJTMH), que analizó durante dos años tres cárceles en el estado de Mato Grosso do Sul, Brasil.
 
Los investigadores analizaron 141 celdas para identificar las características ambientales y de infraestructura de las cárceles, como cantidad de ocupantes, altura del techo, materiales de construcción, áreas con ventanas y puertas, la ventilación, entre otras.

“Algunas prisiones públicas tienen sus instalaciones tan comprometidas que sería más rentable construir una nueva”.

Julio Croda, de la Universidad Federal de Grande Dourados


Con esos datos proyectaron el riesgo de transmisión de la enfermedad y estimaron el impacto de realizar un diagnóstico más temprano y mejorar la ventilación.
 
Así hallaron que los 1.217 prisioneros relevados tenían un área individual de 2,1 m², que las celdas alojaban a unos 8 presos, que tenían una ventana y que la posibilidad de un prisionero fuera infectado por su compañero enfermo era de 78 por ciento.
 
Julio Croda, de la Universidad Federal de Grande Dourados, y uno de los autores del estudio, dijo que el hacinamiento es el elemento principal para el contagio de las enfermedades transportadas por el aire, como la TB. Pero estas condiciones no son exclusivas de prisiones.
 
Algo similar ocurre en clubes nocturnos, autobuses y cines. Para prevenir la enfermedad, debe prestarse atención a las estructuras de ventilación de estos sitios habitualmente congestionados y también otros factores sociales, aseguran los autores.
 
“Es esencial prestar atención a la vivienda, el empleo, el salario, la educación y el transporte de manera integrada. No se puede considerar solamente la existencia del virus y el huésped, sin relación con los determinantes sociales que rodean a la TB”, comentó Celina Boga, del Centro de Salud Escola Germano Sinval Faria, de Río de Janeiro.
 
El estudio también alertó sobre el peligro de la infección latente en los prisioneros al ser liberados, pues pueden infectarse sin presentar síntomas, poniendo en peligro la salud general.
 
Croda señaló que en una de las ciudades analizadas ser un ex recluso fue el principal factor de riesgo para el desarrollo de la tuberculosis.
 
“Tenemos que movilizar a toda la sociedad para mejorar las condiciones carcelarias y reducir el número de presos por celda, como también mejorar las otras instalaciones públicas con aglomeración”, dijo Croda a SciDev.Net.
 
Croda cree que es posible mejorar la ventilación de las cárceles con planificación. “Medidas simples como puertas y ventanas de extensión podrían traer un impacto importante en la reducción de la transmisión de la enfermedad. Algunas prisiones públicas tienen sus instalaciones tan comprometidas que sería más rentable construir una nueva”, estimo.
 
> Enlace al resumen del artículo en American Journal of Tropical Medicine and Hygiene (AJTMH)