América Latina y el Caribe

  • Después de Chávez: el legado de la ciencia revolucionaria

    Andrea Small Carmona

    10/04/13

Ad portas de elecciones presidenciales en Venezuela, Andrea Small reporta sobre el legado de la estrategia socialista de Chávez en ciencia.

Hay algo con lo que todos los científicos venezolanos están de acuerdo: los 14 años de gestión presidencial de Hugo Chávez cambiaron la forma de hacer ciencia en la nación latinoamericana. En lo que no están de acuerdo es en si el cambio fue para mejor o para peor.

Con Venezuela encaminada hacia unas nuevas elecciones presidenciales este domingo (14 de abril), generadas por la muerte de Chávez el pasado 5 de marzo, los científicos locales examinan el legado de su ‘revolución’; la politización del sector y la minimización del poder de las universidades, a las cuales el mandatario siempre acusó de estar al servicio de la burguesía.

DE UN VISTAZO

  • La muerte de Hugo Chávez, ocurrida en marzo, anticipó elecciones presidenciales para esta semana
  • Comentaristas evalúan su legado científico, concentrado en más recursos y tensas relaciones con las universidades
  • La ciencia se ha politizado y las dos tendencias no consiguen un acuerdo sobre el impacto de su gestión
Los investigadores también están ponderando cómo un nuevo presidente pudiera cambiar –o no- el ambiente científico en este Estado socialista.

¿Cantidad sobre calidad?

Un aumento significativo en el número de investigadores se argumenta generalmente como uno de los logros más importantes de la Era Chávez. En febrero de este año José Luis Berroterán, viceministro de formación para la ciencia y el trabajo, anunció que el país había alcanzado un nuevo hito: ahora había más de 10.250 investigadores trabajando en Venezuela. Antes de que Chávez fuera elegido presidente por primera vez, en 1998, había alrededor de 1.500.

“Las políticas de Chávez atrajeron muchas más voluntades a trabajar por la ciencia local”, dice Palmira Guevara, profesora de biología en la Universidad Central de Venezuela.

La cifra no incluye a cerca de 6.000 ciudadanos “cultores de la ciencia, personas que tal vez nunca tuvieron la oportunidad de estudiar formalmente en la universidad, pero cuyas ideas son muy valiosas”, añade.

“Eso hace un total de cerca de 16.000 personas trabajando ahora por la ciencia”, dice Guevara a SciDev.Net. “Estamos orgullosos de estar rompiendo el paradigma de ciencia venida exclusivamente de la academia”.

Pero Claudio Bifano, actual presidente de la Academia de Ciencias Físicas, Matemáticas y Naturales de Venezuela, no está impresionado.

Dice que en 2009, el gobierno reemplazó el programa de evaluación de científicos que había funcionado durante más de 20 años, con otro en el que los investigadores son medidos no solo por su experiencia y estudios, sino también por sus opiniones políticas.

“Para muchos de nosotros, las credenciales de estos nuevos investigadores son un secreto muy bien guardado, y eso está mal”, explica. “Los investigadores más experimentados tienen que luchar ferozmente por financiamiento, mientras que otros podrían estar resultando beneficiados solo por su posición política pro-gobierno. No consideramos que este nuevo sistema sea transparente”, señaló Bifano a SciDev.Net.

Batalla con las universidades

Otros éxitos ampliamente anunciados de las políticas de Chávez fueron la creación de un ministerio dedicado a la ciencia en 1999, y en 2005, la promulgación de la Ley Orgánica de Ciencia, Tecnología e Innovación (LOCTI), que regula los objetivos nacionales en materia cientt ca  ﷽﷽﷽﷽ que regula los objetivos nacionales en materia cient promulgaci que otros podruy bien guardado, y eso estas"ífica y los aportes financieros de la empresa privada a la investigación.

Jaime Requena, un investigador local que desde hace diez años se ha dedicado a compilar parte de la historia de la ciencia venezolana, dice a SciDev.Net que ambos movimientos fueron significativos.

“(La ley) funcionó increíblemente bien por varios años. Obligaba a las compañías privadas a escoger proyectos de investigación en universidades e institutos y a financiarlos directamente, orientados en su mayoría a las necesidades de la propia empresa”, explica Requena.

“Pero en 2009, el gobierno decidió que ellos recibirían el dinero directamente y escogerían cuáles proyectos podrían ser financiados. Para entonces el conflicto, por razones políticas, entre el gobierno y las universidades ya era bien conocido, y las universidades fueron básicamente excluidas del financiamiento”, añade.

Con frecuencia, Chávez acusó a las universidades de educar solamente a los hijos de la burguesía y, por lo tanto, de no estar alineadas con los objetivos de su revolución socialista. En su lugar, él prefirió “ciencia socialista”, que podía beneficiar a los ciudadanos comunes.

Desde 2006, el gobierno ha otorgado a las universidades públicas el mismo monto de dinero cada año, sin tomar en consideración ningún ajuste por inflación y las devaluaciones de la moneda nacional, añadiendo así tensión a su relación con las universidades.

“Predigo que esta guerra matará inevitablemente la investigación en los próximos cinco años, si continúa así. Su criterio (el del gobierno) para asignar recursos es, sobre todo, político y no científico”, dice Requena.

La montaña rusa del financiamiento

Pero otro grupo de investigadores afirma que han percibido un aumento en el financiamiento en años recientes. Miguel Alfonzo, investigador en inmunología en la Universidad Central de Venezuela, dice que las “estadísticas oficiales muestran que nunca ha habido tanta inversión en ciencia y tecnología como durante el período de Chávez”.

Afirma que la inversión ha crecido de 0.4% a 2.7% del Producto Interno Bruto, lo que representa alrededor de US$1.315 millones al año. “No entendemos cómo alguien puede quejarse por eso”, asegura.

Pero Requena reconoce no saber cuál es el destino final de este financiamiento para ciencia: el monto congelado dedicado a las universidades significa que tienen presupuestos deficientes, así como también equipos y laboratorios desactualizados.

Los críticos también dicen que a pesar de que el gobierno exige a los científicos publicar más en revistas nacionales, las mismas no han recibido financiamiento durante los últimos tres años.

Alfonzo dice que la financiación de las revistas se ha suspendido porque el dinero se desvió hacia un sistema nuevo centralizado de publicaciones digitales que aparentemente se ha retrasado.

¿No todo es dinero?

En cuanto a fallas se refiere, científicos anti-Chávez también citan el sistema de patentes como un ejemplo de mala administración.

“No ha habido una sola patente aprobada en Venezuela desde 2002, aunque ha habido al menos 50 solicitudes”, dijo el año pasado a SciDev.Net Ismardo Bonalde, jefe del centro de tecnología del Instituto Venezolano de Investigaciones Científicas (IVIC).

De acuerdo con Bonalde, una de las razones más importantes de esta situación, es la falta de una legislación actualizada: la actual ley de patentes fue aprobada por el congreso en 1956.

Los últimos 14 años de gobierno también han resultado en científicos que deciden abandonar el país, aparentemente buscando mejores condiciones laborales. Entre enero y mayo de 2010, 173 profesores renunciaron a la Universidad Simón Bolívar, y otros 400 investigadores dejaron sus puestos en la Universidad Central de Venezuela entre 2009 y 2012. Lo hicieron motivados por los bajos salarios y beneficios pobres, dice Bifano.

“Hubo una fuerte generación de científicos, de la que nosotros venimos. Pero estamos envejeciendo, estamos cerca del retiro y es un problema serio no tener gente joven y motivada que nos pueda reemplazar”, señala.

Bifano dice que en Venezuela, investigadores a tiempo completo, poseedores de un doctorado y con 12 años de experiencia, ganan alrededor de US$ 1.140 al mes.

“En Colombia, nuestros vecinos más cercanos, un científico con el mismo perfil gana alrededor de US$ 4,500 mensuales. Añada a esto nuestras condiciones sociales: una inflación anual que ronda el 30 por ciento y altos índices de criminalidad. ¿Quién querría quedarse aquí?”.

Guevara está de acuerdo con que los salarios son bajos, pero dice que de alguna manera están justificados: “La vida de un profesor-investigador en Venezuela es totalmente flexible, y eso tiene que ser considerado también como parte de los beneficios que recibimos. Las condiciones pueden no ser las ideales, pero estamos trabajando en eso. Me atrevería a decir que, en este momento, no hay un país en el mundo que ofrezca mejores oportunidades para el desarrollo personal y profesional de la gente joven que Venezuela”.

La investigadora añade que el objetivo de la revolución es trabajar por la gente, no hacer dinero. Y para ilustrarlo cita como un logro los dos satélites que Venezuela tiene actualmente en órbita, los cuales ayudan al desarrollo de servicios como telemedicina en comunidades remotas.

Pero Requena argumenta que la compra de tecnología foránea no es lo mismo que el desarrollo de la ciencia a nivel local: “No hubo investigación venezolana en la construcción de los satélites. Todo fue hecho por China, de principio a fin, con nuestro dinero. Es el equivalente a comprar una computadora personal: es tuya, por supuesto, pero eso no significa que tú mismo la construiste”.

Debate sin fin

¿Mejoró Chávez la ciencia? En esto no hay acuerdo, y su gobierno permitió la politización de un sector que algunos, como Bifano, piensan que debe permanecer independiente.

Con las elecciones tan cerca, los científicos han comenzado a mirar hacia el futuro, y los dos principales candidatos han identificado a la ciencia como un área en la que ofrecen mejoras, si ganan la presidencia.

Henrique Capriles Radonski, el candidato de la oposición, ha ofrecido “construir un moderno sistema de ciencia, tecnología e innovación que ayude a desarrollar la investigación, la productividad y la transferencia de conocimientos”.

Mientras tanto, Nicolás Maduro, señalado por Chávez como su sucesor político, ha propuesto crear una red nacional de parques tecnológicos para desarrollar la ciencia, la tecnología y la innovación.

“Nos gustaría ver un nuevo gobierno liderado por Capriles Radonski, trabajando con transparencia en la administración de los recursos. También quisiéramos ver a un presidente que esté más orientado a apoyar a las universidades que a pelear con ellas. Eso es vital para el progreso”, dice Bifano.

Para Guevara, la situación está clara: “Nuestra apuesta es porque Nicolás Maduro continúe el legado de Chávez en materia de ciencia y tecnología. Creemos que la gente reconocerá que el socialismo es la mejor manera de hacer las cosas”.

Gane quien gane, el debate sobre cuál es la mejor vía para sacar adelante la ciencia en Venezuela parece haber llegado para quedarse.