América Latina y el Caribe

  • Escolares: antes que Internet, hace falta electricidad

    Martín De Ambrosio

    14/11/14
[BUENOS AIRES] ¿Cuántas escuelas habrá en América Latina sin conexión a Internet? ¿Y sin electricidad? Antes de seguir leyendo, trate de hacer un cálculo: son una veintena de países, ¿serán mil?, ¿cinco mil?, ¿acaso diez mil los establecimientos educativos sin luz? Un recuento de la Organización de Estados Iberoamericanos (OEI) en 2011 dejó ese número en la enorme cifra de 60.000.

La misma OEI puso en marcha entonces el proyecto “Luces para aprender”, que fue presentado en la Facultad de Derecho de la Universidad de Buenos Aires en el marco del Congreso Iberoamericano de Ciencia, Tecnología, Innovación y Educación (12-14 de noviembre).

Lo curioso es que, según contó en la presentación el propio secretario general de la OEI, Álvaro Marchesi, la iniciativa surgió en Paraguay en una reunión que tenía por objetivo un tema algo más específico: la introducción de nuevas tecnologías en las aulas.

“De repente, alguien de Nicaragua se levantó y dijo que muchas de las escuelas de su país ni siquiera tenían electricidad. Nos dimos cuenta de que faltaba algo previo, y así fue que pedimos números y llegamos a tal cifra”, dijo Marchesi, que en la presentación estuvo acompañado por los directores de las oficinas de la OEI de El Salvador (Ricardo Cardona), Perú (José Antonio Hernández), Uruguay (Ignacio Hernaiz), Paraguay (Luis Scasso) y Nicaragua (Carmen Largaespada). Cada uno de ellos contó cómo aplicaban el proyecto que consta de paneles de energía solar como paso previo al acceso a Internet.

Justamente, Nicaragua es el país con la proporción más alta de escuelas sin electricidad: 60%, es decir, más de medio millón de estudiantes. Según explicó Largaespada, la intención es colocar paneles de manera muy planificada porque el país vive un momento de extensión de las líneas eléctricas tanto como de urbanización, y se corre el riesgo de colocar paneles en zonas que pueden dejar de necesitarlo o no tengan niños a los que enseñar.

“Hemos visto ya la increíble transformación que significa conectarlos (a la red eléctrica): para ellos es una ventana al mundo, y a su vez el mundo sabe que existen”

José Antonio Hernández,
OEI Perú

El proyecto —que al día de hoy tiene completados los paneles solares de unas dos mil escuelas— derivó en el cortometraje de ficción “Bienvenidos” dirigido por Javier Fesser, realizado en una de las escuelas peruanas a las que se le dio luz, y actuado por los propios niños.

Según contó Hernández, su país es uno de los que más escuelas tiene sin electricidad, con unas 14.000. Como en todos los casos, la inaccesibilidad es una de las razones por las que se mantiene esa carencia. “Pero hemos visto ya la increíble transformación que significa conectarlos: para ellos es una ventana al mundo, y a su vez el mundo sabe que existen y que tienen cosas para aportarle”, dijo.

Distinto el caso de Uruguay que, con la aplicación de Luces para aprender en 82 escuelas rurales, ya ha logrado la universalidad de la conexión, según dijo Hernaiz. “No es solo que llevamos paneles solares; estamos aplicando un derecho humano”, explicó.

En el caso de Paraguay, Scasso remarcó la particularidad de que las 163 escuelas sin electricidad se encuentran en zonas indígenas de modo que como con otros temas la imposición externa no funciona. “Tenemos que acordar, razonar, ganarnos la confianza de los caciques, convencerlos de que asuman el proyecto como propio. Una vez que lo asumen no se los saca nadie”, indicó.

Agregó que el programa tuvo efectos inesperados como la incorporación de una huerta escolar que a su vez hizo que se enriqueciera la dieta de los guaraníes, que consta de carne y mandioca. “Como no tienen siquiera una palabra para designar la zanahoria decían que comían ‘un palito naranja’”.

Como concluyó el propio Marchesi, “con electricidad e Internet en pocos meses los niños pasan del siglo XIX al siglo XXI”.