América Latina y el Caribe

  • ¿Cómo contar verdades en periodismo científico?

    Sharon Dunwoody

    27/07/14

De un vistazo

  • Informar sobre polémicas con precisión no necesariamente significa que sean ciertas

  • Y tratar de ‘equilibrar’ todos los lados de la historia también puede inducir a error en el público

  • Informar donde reside el ‘peso de la evidencia’ puede aportar veracidad sin sesgo

¿Cómo pueden los periodistas llegar a la ‘verdad’ en ciencia? Sharon Dunwoody sugiere seguir el ‘peso de la evidencia’.
 
Permítanme empezar con una afirmación audaz: Un gran problema que enfrentan los periodistas científicos es que tienen inconvenientes para comunicar lo que es verdad. Aun cuando las versiones que compiten son ampliamente desiguales —piensen en cambio climático, por ejemplo—, los periodistas científicos sienten que no pueden decirle a su público que una de las reivindicaciones sortea el escrutinio científico mejor que las otras.
 
Si lo puedo convencer de que este problema es real, entonces quiero ofrecerle una mejor estrategia para manejarlo: una táctica que yo llamo informar sobre el ‘peso de la evidencia’.
 
Preciso, pero no necesariamente cierto 
 
Pero primero, el problema. Desde hace mucho, la precisión ha sido un criterio crucial en el periodismo, y es un objetivo noble. Pero preciso no es sinónimo de verdadero.
 
Usualmente, la ‘precisión’ refleja la ‘bondad de ajuste’ entre lo que le dice una fuente al periodista y lo que éste escribe: no es un juicio independiente sobre si esa afirmación es cierta o no. Dicho de otra manera, la precisión a menudo refleja más ‘fiabilidad’ (qué tan bien el periodista capta la esencia de lo que dijo el científico) que ‘validez’ (si la afirmación hecha por la fuente es probable que sea verdadera).
 
¿Por qué la validez recibe poca atención? Los periodistas científicos se enorgullecen de ayudar a las audiencias a separar la paja del trigo en lo que tiene que ver con las denuncias científicas. Sin embargo, varios factores se interponen en el camino hacia establecer la verdad.

“Mientras que el periodista puede estar enviando un mensaje legítimo —‘la verdad está aquí en algún lado’—, los estudios sobre las reacciones del público indican que, desafortunadamente, la audiencia se está llevando a casa un mensaje muy diferente: ‘nadie sabe lo que es verdad’”.

Sharon Dunwoody

 
Uno de ellos es que ningún periodista sabe lo suficiente como para evaluar la mayoría de las pretensiones de verdad. Si una empresa de ingeniería envía un comunicado de prensa anunciando que ha desarrollado paneles solares capaces de capturar cuatro veces más de la energía del sol que el típico panel de silicio, es probable que un periodista no cuente ni con los conocimientos ni con el tiempo para profundizar en la literatura revisada por pares y evaluar la calidad de las pruebas.
 
A menudo, los periodistas experimentados manejarán ese problema hablando con otros científicos. Si bien esto puede ayudar a juzgar la veracidad de una afirmación, no resuelve un problema mayor.
 
Cuando los editores o los públicos detectan lo que ellos creen que es la opinión del periodista en un artículo, ese periodista se arriesga a ser acusado de sesgo. Indicar cuál afirmación científica tiene más probabilidad de ser verdad genera para el periodista un serio problema de credibilidad. 
 
Entonces, ¿qué debe hacer un periodista? Bueno, una alternativa tradicional para hacer afirmaciones de validez es ‘balancear’ las demandas en competencia. Si el periodista no puede decir cuál de las afirmaciones probablemente sea cierta, al menos puede ofrecer una gama —el científico del clima y el escéptico del cambio climático, en el formato ‘él dijo/ella dijo’—, dejando que la audiencia llegue a su propia conclusión.
 
Pero mientras que el periodista puede estar enviando un mensaje legítimo —‘la verdad está aquí en algún lado’—, los estudios sobre las reacciones del público indican que, desafortunadamente, la audiencia se está llevando a casa un mensaje muy diferente: ‘nadie sabe lo que es verdad’. Y eso, yo diría, es un resultado inexacto e inaceptable.
 
Sopesar el apoyo  
 
Permítanme ofrecer una posible vía de escape: informar sobre ‘peso de la evidencia’.
 
Esta estrategia no requiere que los periodistas científicos evalúen la evidencia científica a favor o en contra de las denuncias, ni que formulen una afirmación sobre lo que es verdad. Más bien, requiere que los periodistas compartan dónde las fuentes científicas tienden a caer en ese continuo de pretensiones de verdad.
 
Con este enfoque, un periodista podría establecer no cual afirmación sea probablemente la más válida, sino cuál ha recibido el mayor apoyo de los científicos calificados para analizarla. Y al escribir el artículo pueden hacer una declaración sobre lo que es verdad al tiempo que reducen el riesgo de ser percibido como injusto o parcializado. El periodista mantiene un papel de ‘informador’, pero al decirle a la audiencia que la mayoría de los científicos que estudian el tema ‘optan por esto en vez de aquello’, su artículo también puede hacer una declaración válida sobre cuál ‘verdad’ es probable que se mantenga en el tiempo.
 
Junto a un grupo de investigación de la Universidad de Wisconsin-Madison, EE.UU., he probado esta idea, con resultados prometedores. Elegimos un debate sobre cómo hace el cerebro para reconocer rostros. Este debate enfrentaba dos teorías: por un lado, que la habilidad reside en una parte especializada del cerebro; y por otro, la teoría que sostiene que el reconocimiento es el resultado de la práctica, es decir, que el cerebro se vuelve mejor en el reconocimiento facial a través del tiempo.
 
En el momento del experimento, la teoría de una región especializada del cerebro tenía más apoyo científico. Expusimos a lectores en Estados Unidos a consultar artículos científicos on line, la mitad de los cuales destacaba el peso de la evidencia desde el principio y la otra mitad simplemente exponía las dos posturas. Se dividieron en dos grupos, y cada uno vio uno de los dos tipos de artículos. Les preguntamos a nuestros entrevistados cuál de las dos teorías de los científicos pensaban que era cierta, y cuál los había convencido.
 
Como era de esperar, aquellos que leyeron los artículos que destacaban el peso de la evidencia fueron más propensos a decirnos que los científicos pensaban que la hipótesis del área especializada del cerebro era la verdadera.
 
Y esa conclusión acerca de los científicos significó que los lectores también eran más propensos a creer esa teoría ellos mismos. Así, el texto que destacaba la evidencia tuvo un efecto directo en el juicio de los entrevistados acerca de las creencias de los científicos y un efecto indirecto en sus propios juicios.
 
Un experimento demuestra poco, por supuesto, pero otros investigadores de la comunicación científica también están explorando este proceso, y será importante comprobar también si ocurre lo mismo en otras culturas.
 
Sharon Dunwoody es profesora emérita Evjue-Bascom de la Escuela de Periodismo y Comunicación de Masas de la Universidad de Wisconsin-Madison, EE.UU. Puede ser contactada a través de [email protected]
 
La versión original de este artículo se publicó en la edición global de SciDev.Net