América Latina y el Caribe

  • Radar latinoamericano: “Fica MCTI!”

    Carla Almeida

    19/09/16

De un vistazo

  • Investigadores de Brasil usan diferentes estrategias para lograr la restitución del MCTI

  • Pero sus acciones aún no involucran a toda la sociedad, punto necesario para conseguir su objetivo

  • Se debe acercar la ciencia a la gente e involucrarla para potenciar su reclamo

La comunidad científica brasileña está de luto. Hace al menos dos años que enfrenta recortes drásticos en el presupuesto federal de ciencia y tecnología (CyT), o que ve afectando directamente el desarrollo de proyectos de investigación, la concesión de becas y la producción de conocimiento en el país.
 
Además de la crisis financiera, esta comunidad sufrió, en mayo de este año, uno de los golpes políticos más duros: la eliminación del Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación (MCTI), el cuerpo central de la Política Nacional de CyT en el país. Por decisión de Michel Temer, que asumió el gobierno interino de Brasil en mayo y se convirtió oficialmente en presidente del país en agosto —después de que la ex mandataria Dilma Rousseff fuera removida del cargo como resultado de un juicio político—, el MCTI fue fusionado con el Ministerio de Comunicaciones.
 
La desastrosa unión de las dos carteras, que tienen objetivos, prioridades y procedimientos diferentes, es parte de la reforma ministerial que promueve Temer argumentando que con ello busca limpiar la estructura del Estado y reducir el gasto. Desconforme con la medida, la comunidad científica lucha, a través de diversas acciones, para que el presidente de un paso atrás y restituya el ministerio. Sin embargo, después de la aprobación de la reforma por el Senado a principios de este mes, se hizo más difícil creer en una posible restitución del MCTI.
 
Inicialmente, la reforma ministerial de Temer incluía la eliminación del Ministerio de Cultura (Minc) y su fusión con el Ministerio de Educación, lo que suponía volver al origen, pues Cultura formó parte de Educación hasta su separación en 1985. Pero la comunidad artística se movilizó rápidamente y protestó. Resultado: diez días después de anunciar la reforma, Temer dio marcha atrás y decidió mantener el Minc.
 
En un momento político delicado como este, en el cual el futuro de áreas estratégicas como la ciencia y la tecnología es incierto, debemos reflexionar sobre la importancia que tuvo para Brasil contar con un ministerio específico para estos temas y también especular acerca de las razones detrás de los diferentes rumbos que han seguido la CyT y la cultura.
 
La centralidad de un ministerio

La creación en 1985 del Ministerio de Ciencia y Tecnología —que en 2011 sumó una I a sus siglas, por la incorporación de la innovación— fue el resultado de una larga y persistente movilización de los científicos reunidos en organizaciones como la Sociedad Brasileña para el Progreso de la Ciencia y la Academia Ciencia de Brasil, y representó una marco fundamental para la institucionalización de un sector del país que todavía se encuentra en proceso de consolidación.
 
Fue a partir de eso que se estructuró, a lo largo de las últimas tres décadas, el sistema nacional de CyT, integrado por agencias de fomento, secretarías temáticas, órganos asesores, unidades de investigación y empresas públicas, entre otras. Su creación hizo posible articular una política nacional de CyT cohesionada, con prioridades y estrategias definidas y redefinidas periódicamente. La intención era hacer de ésta una política de Estado, basada en un presupuesto propio y creciente durante muchos años, que fue capaz de aumentar rápidamente la cantidad de investigadores con maestrías y doctorados formados en Brasil y también la producción científica del país.
 
Con un sistema estructurado y una política operativa de CyT, aun llena de debilidades y desafíos que afrontar, la ciencia brasileña comenzó a destacarse en América Latina, llegando a liderar el ranking de crecimiento en la región. No en vano, varios países latinoamericanos, inspirados en la experiencia de Brasil, de Argentina y de otras naciones que tienen (o que ya tenían) ministerios específicos para la CyT, debaten sobre la creación de esa estructura política en sus gobiernos.
 
Obviamente, un sistema bien articulado no basta para impulsar la ciencia en un país. Si hay cortes bruscos y sucesivos de recursos, la estructura por sí sola no es capaz de garantizar la continuidad de las políticas, de la investigación y los avances conquistados. Pero, sin ella, las pérdidas se exacerban. La reducción de los fondos, sumada a la eliminación del MCTI, que pone en riesgo todo el sistema CyT que a Brasil le costó construir, es un obstáculo importante para el desarrollo del país. ¿Cómo hacer que los gobernantes brasileños vean esto? ¿Y los ciudadanos? ¿Cómo hacer para que se involucren en la causa?
La apropiación de la cultura y la ciencia

Desde el anuncio de Temer en mayo, los miembros de la comunidad científica unen esfuerzos para responder estas preguntas. Promovieron una audiencia pública en el Congreso, escribieron una carta abierta al gobierno, pusieron en marcha campañas en las redes sociales (#FicaMCTI y #VoltaMCTI), incluyeron imágenes de protesta en sus currículum académicos; organizaron debates, actos y manifestaciones en las instituciones educativas y de investigación y en las calles de varias ciudades del país.
 
El movimiento creció en el medio científico y ganó la adhesión de investigadores referentes, pero parece no haber alcanzado, al menos por ahora, la repercusión buscada en la sociedad ni haber captado la atención necesaria del gobierno. El Ministerio de Ciencia, Tecnología, Innovación y Comunicaciones ya tiene nuevo líder y se adapta estructuralmente a la fusión.
 
En cuanto a las acciones de protesta de los artistas contra la extinción de Minc, quienes usaron herramientas y estrategias similares a las empleadas por los científicos, tuvieron gran repercusión en la sociedad y lograron involucrar no sólo a los jóvenes militantes, sino a ciudadanos de diferentes edades, colores y partidos, que se adhirieron a la lucha, salieron a las calles, ocuparon los órganos administrativos y exigieron la restitución del ministerio. ¡Y lo consiguieron! ¿Por qué?
 
Aunque no haya una respuesta oficial del gobierno a esta pregunta, podemos buscar pistas en las formas en que la ciencia y la cultura históricamente han interactuado con la política y la sociedad.
 
La cultura brasileña, aunque todavía elitista en algunos aspectos, da espacio e importancia a lo popular, es inclusiva en muchas de sus manifestaciones y está descentralizada en nuestro vasto territorio. Las artes son políticas desde siempre; su discurso es comprometido, crítico. El enfrentamiento con el gobierno es la práctica. Las artes son plurales; utilizan diferentes lenguajes para interactuar con el público y se mantienen abiertas a múltiples interpretaciones. Las artes producen ídolos, celebridades. Los artistas dependen del público para producir cultura y vivir de ella.
 
Los científicos, por su parte, tienden a ser más recatados. Pasan gran parte de su tiempo dentro de las instituciones científicas, coexistiendo con sus pares. Muchos prefieren no involucrarse en la política. Sus vínculos profesionales son, en general, más estables. En tiempos de decisiones sobre temas relevantes de CyT, tienden a juzgar a la sociedad como poco preparada para participar en los debates; prefieren mantenerla a distancia. La ciencia tiende a desvalorizar el conocimiento popular. Además, se concentra en las grandes ciudades, especialmente en el sur y el sudeste de Brasil.
 
Analizando los dos casos, parece claro que ya no es suficiente para los científicos producir ciencia en cantidad y calidad, dentro de una estructura bien articulada de CyT; a pesar de que eso sea fundamental. Especialmente en tiempos políticos difíciles como este, en los que el apoyo de la sociedad hace la diferencia, es necesario invertir no sólo en el compromiso público en la ciencia, sino también en el compromiso de la ciencia en la política, la cultura y la sociedad.
 
Los ciudadanos necesitan sentirse parte de la ciencia, deben ser capaces de apropiarse de ella. Así reconocerán su importancia y se sentirán obligados a defenderla por el bien de la sociedad. Lo mismo es de esperar de los políticos.