América Latina y el Caribe

  • Ruidos intensos exponen a jóvenes a riesgos auditivos

    Rodrigo de Oliveira Andrade

    28/06/16

De un vistazo

  • Estudio entre adolescentes de 11 a 17 años confirma alta prevalencia de zumbido en sus oídos

  • Ellos confirmaron asistir a ambientes muy ruidosos como discotecas o uso constante de auriculares

  • Aunque realizado en Sao Paulo, resultados son válidos para lugares con mismas condiciones de ruido

[SÃO PAULO] Considerado un síntoma de la pérdida de audición, el zumbido recurrente, consecuencia de la exposición continúa a ruidos de alta intensidad en clubes nocturnos o auriculares, estaría afectando a cada vez más adolescentes en Brasil.
 
Así concluye un estudio publicado en la revista Scientific Reports (6 de junio) que analizó los hábitos de ocio de 170 adolescentes entre 11 y 17 años de São Paulo.

“Si esos adolescentes continúan exponiéndose a niveles demasiado altos de ruido, ciertamente perderán su audición alrededor de los 40 años, mucho antes de la tercera edad”.

Tanit Ganz Sanchez - Facultad de Medicina de la Universidad de São Paulo (FMUSP)


El 90 por ciento confirmó exponerse frecuentemente a ambientes extremadamente ruidosos, como fiestas, clubes nocturnos o sus auriculares y 54,7 por ciento afirmó haber escuchado un zumbido en los últimos 12 meses.
 
Los estudiantes fueron examinados en una cabina audiométrica, que evalúa las frecuencias sonoras en las células y fibras nerviosas que disparan informaciones eléctricas generadas por sonidos de baja intensidad.
 
Los exámenes mostraron que 28,8 por ciento de los adolescentes con zumbidos son intolerantes a sonidos de alta intensidad, mientras más de 50 por ciento son intolerantes a sonidos de baja intensidad.
 
“Cuando los nervios auditivos son dañados, las células del cerebro aumentan su sensibilidad a las entradas restantes, lo que puede hacer que los sonidos corrientes parezcan más fuertes”, explica a SciDev.Net la otorrinolaringóloga Tanit Ganz Sanchez, de la Facultad de Medicina de la Universidad de São Paulo (FMUSP), y autora principal del estudio.
 
Según ella, los resultados sugieren que si bien los estudiantes con zumbido todavía no perdieron la audición, tienen oídos más sensibles a los sonidos, lo que puede propiciar que de adultos tengan más probabilidades de desarrollar zumbido permanente o incluso quedar sordos.
 
Los zumbidos son causados por lesiones temporales o permanentes en las células ciliadas, que se alargan o acortan cuando son sometidas a vibraciones sonoras. Pero de acuerdo con Tanit, los zumbidos también podrían ser consecuencia de la pérdida de sinapsis de las células del cerebro (capacidad de las células de comunicarse entre ellas).
 
“Si esos adolescentes continúan exponiéndose a niveles demasiado altos de ruido, ciertamente perderán su audición alrededor de los 40 años, mucho antes de la tercera edad", señala. Estos resultados son válidos para cualquier lugar con condiciones similares de ruidos intensos.
 
Para Vitor Engrácia Valenti, investigador del Departamento de Fonoaudiología de la Universidad Estadual Paulista (Unesp), los resultados sugieren una alta posibilidad de que la nueva generación vea afectada su calidad de vida por problemas auditivos, “lo que comprometería el desarrollo tecnológico, económico y social futuro del país”.
 
Además, según la fonoaudióloga Cilmara Levy, de la Facultad de Ciencias Médicas de la Santa Casa de Misericordia de São Paulo, el estudio señala que los síntomas previos a la pérdida auditiva están siendo olvidados en Brasil. Para ella, la mejor estrategia es concientizar a la población sobre las consecuencias de exponerse durante mucho tiempo a ruidos intensos en clubes nocturnos y auriculares. Es un problema de comportamiento, así que la educación sobre los cuidados de la audición son determinantes, indica a SciDev.Net. “La hipersensibilidad a sonidos de alta y baja intensidad es una advertencia de cambios futuros en el sistema auditivo, y lo que antes podría ser un síntoma sólo para las personas ancianas puede manifestarse en adultos jóvenes”, concluye.

Enlace al artículo completo en Scientific Reports