América Latina y el Caribe

  • Agricultura sostenible: invertir en gente y en evidencia

    Anita Makri

    16/10/13

De un vistazo

  • Límite de recursos atenta contra necesario desarrollo agrícola

  • Enfoques ecosistémicos y experiencia de minifundistas potencian el crecimiento

  • Es esencial el intercambio de experiencias y la cooperación interdisciplinaria

Evaluar sistemas de cultivo, nuevas ideas y aprendizaje debe ser parte de una agricultura transformada.
 
La seguridad alimentaria es difícil de definir. Se puede explicar en términos simples como el acceso a suficiente cantidad de alimentos. Pero detrás de esa simplicidad se esconde una red interconectada de factores, desde los precios de los alimentos hasta las prácticas agrícolas, la nutrición, los recursos naturales, la tecnología, el comercio y el desarrollo social.
 
Descomponer esa complejidad en sus componentes es artificial, pero a menudo necesario para poder entenderla. Ese es el espíritu que emana de la serie de artículos que presentamos esta semana y que se enfocan en un único, pero fundamental, aspecto de la seguridad alimentaria: la agricultura sostenible. Analizamos cómo la ciencia y la tecnología (CyT) pueden aumentar la productividad agrícola dentro de los límites ambientales y de recursos. (Nuestro próximo Especial analizará otros aspectos de la seguridad alimentaria).
 
Aunque la productividad agrícola ha cambiado notablemente en los últimos 50 años en parte gracias a los avances de la CyT, los límites de este crecimiento son claros. La escasez de la tierra y del agua, los suelos pobres, los impactos del cambio climático y más bocas por alimentar son algunos de los desafíos que enfrentan los agricultores en el siglo XXI, especialmente aquellos campesinos productores de la mayor parte de los alimentos que se consumen en el mundo en desarrollo.
 
Tiempo de transformación
 
Un artículo de introducción al tema, escrito por Zareen Pervez Bharucha, de la Universidad de Essex, en el Reino Unido, describe los retos que enfrenta la agricultura en cuanto a recursos  —algunos de ellos legado ambiental de la Revolución Verde— los cuales ilustran sobre la necesidad de transformar radicalmente al sector.
 
Bharucha explora cómo la CyT ha contribuido al desarrollo agrícola, resume los avances recientes (como las nuevas variedades de cultivo que benefician a los pequeños agricultores), y describe los sistemas agroecológicos que combinan la innovación tecnológica con estrategias de manejo para adaptarlos a las condiciones locales de los países en desarrollo.
 
En el primero de tres artículos de opinión, Fernando R. Funes-Monzote, agroecologista, investigador y agricultor cubano, señala que la agricultura familiar debe ser el centro de cualquier estrategia de producción sostenible de alimentos, y que la agroecología es el enfoque más realista. Aboga por tender puentes entre las realidades de la agricultura familiar y los debates sobre la agricultura sostenible, y señala que, a pesar de su promesa, la agroecología ha tenido poco impacto hasta ahora.
 
Coincidente con el llamado a un cambio de paradigmas, Norman Uphoff, profesor de gobierno y agricultura internacional en la Universidad de Cornell, Estados Unidos, exhorta a buscar enfoques alternativos para la agricultura, que se adapten a la realidad actual y a la del futuro.

La agricultura familiar debe ser el centro de cualquier estrategia de producción sostenible de alimentos”.

Fernando R. Funes-Monzote


Afirma que el modelo tradicional de desarrollo y difusión de innovaciones ‘del laboratorio al campo’ necesita cambiar. Los científicos y profesionales deben aprender de los nuevos métodos e ideas, como por ejemplo del Sistema de Intensificación del Arroz (SIA), así como mejorar su aprendizaje de y con los agricultores, sostiene.
 
Iniciativas como ésta desafían el modelo de arriba hacia abajo para la transferencia de tecnología, aprovechan la experiencia de los agricultores y les dan un control verdadero de las tecnologías que adoptan.
 
¿Qué funciona realmente?
 
Estos escritores revelan una convicción palpable sobre el potencial de los modelos de producción de alimentos que se centran en los ecosistemas agrícolas y los pequeños agricultores. Pero ¿de qué manera los agricultores y los científicos pueden saber lo que realmente funciona?
 
La eficacia de los sistemas agroecológicos ha estado en el ojo del huracán, precisa David J. Spielman, investigador principal del Instituto Internacional de Investigación de Políticas Alimentarias, en los Estados Unidos. En el caso del SIA, por ejemplo, Uphoff expresa que es tiempo de aceptar la evidencia del aumento de los rendimientos de los agricultores y de la creciente popularidad del sistema, y dejar de lado la controversia.
 
Spielman propone que los economistas ayuden a evaluar esta evidencia del ‘mundo real’, independientemente del enfoque agrícola tomado. Pero requerirán trabajar más cercanamente con los agrónomos, puntualiza.
 
Quizá un prerrequisito para esa colaboración sea una mayor inversión para reunir evidencia, lo que requerirá un componente más grande y más sólido de monitoreo y evaluación (MyE) de cualquier proyecto de desarrollo agrícola. Una encuesta realizada en 2009 entre expertos agrícolas sugirió que el MyE es débil, con pocos incentivos para las agencias y otras organizaciones que dedican recursos a ello [1].
 
Otra forma de saber lo que funciona —lo que algunos países están haciendo bien y cómo replicarlo— es encontrar historias exitosas y comunicarlas, dijo Steve Wiggins, del Instituto de Desarrollo de Ultramar del Reino Unido, hablando ante el Grupo Parlamentario de Agricultura y Alimentación para el Desarrollo con representación de Todos los Partidos del Reino Unido en abril pasado.
 
Tomar lo mejor de ambos
 
En una revisión de 20 historias agrícolas exitosas evaluadas por un panel internacional en 2009, se aplicó la CyT resultante como una de las varias determinantes del éxito [2]. Los estudios de caso incluyeron investigación y desarrollo de técnicas avanzadas de mejoramiento de cultivos así como herramientas que trabajan con las prácticas tradicionales de manejo de recursos de los agricultores.
 
Esto nos recuerda que los enfoques científicos que ‘trabajaron’ en el siglo XX no son del todo irrelevantes. No es casualidad que la Fundación Bill & Melinda Gates esté trabajando en avances computacionales que intentan restar años al proceso de desarrollo de genotipos mejorados de cultivos.
 
Sin embargo, ¿de qué modo la biotecnología que se produce en el centro se inserta en el desarrollo agrícola del futuro? sigue siendo una pregunta sin resolver. La respuesta puede ser diferente, dependiendo de la localidad, el contexto o los cultivos.
 
En conjunto, nuestros artículos del Especial sugieren que el desarrollo de la agricultura sostenible no puede simplemente aplicar la tecnología o la innovación, sea transferida o endógena. La CyT puede proporcionar las herramientas que la gente —agricultores, científicos, economistas y otros socios— desarrollan según sus propias necesidades. El intercambio de conocimientos, la cooperación y las plataformas de aprendizaje son esenciales.
 
El progreso debe ser el resultado de invertir no solo en enfoques científicos, sino también en recursos humanos. Eso garantizará que los sistemas de producción agrícola sean sostenibles, y que la gente los mantenga así.
 
Anita Makri
Editora de Opinión e Informes Especiales, SciDev.Net

Este editorial es parte del Especial sobre producción sostenible de alimentos.
La versión original de este artículo se publicó en la edición global de SciDev.Net