América Latina y el Caribe

  • Baños precarios y compartidos, agua no apta par el consumo humano, piso de tierra en los hogares, son factores que inciden en la resistencia a los antibióticos.

  • Condiciones higiénicas pobres potencian resistencia antimicrobiana

    Lorena Guzmán Hormazábal

    21/08/20

De un vistazo

  • Estudio analizó cómo incide la higiene de zonas pobres en la asistencia a antibióticos

  • Estudio en Guatemala halló que el mal saneamiento puede influir más que el uso incorrecto de antibióticos

  • Pisos de tierra, baños compartidos y agua no apta son algunos de los factores que inciden

Mientras que en países desarrollados uno de los mayores problemas para la resistencia antimicrobiana es el mal uso o abuso de los antibióticos, en países pobres o en vías de desarrollo esto sería menos importante que las malas condiciones sanitarias.
 
Baños precarios y compartidos, agua no apta para el consumo humano, piso de tierra en los hogares, manejo riesgoso de alimentos como la leche, y la mala disposición de la basura son problemas de higiene que inciden en la resistencia a los antibióticos, determinó un estudio publicado en Scientific Reports.
 
La investigación destaca que si bien la resistencia a los antibióticos es un problema mundial, los factores que inciden en su aparición dependen del nivel de desarrollo de los países, pero también de factores culturales, tales como el consumo de leche sin pasteurizar, entre varios otros.
 
En países más pobres, “los factores ambientales de saneamiento son más determinantes que el consumo no adecuado de estos medicamentos”, dijo por teléfono a SciDev.Net Celia Cordón, directora de el Centro de Estudios en Salud de la Universidad del Valle de Guatemala y coautora del estudio.

“Si bien es necesario promover una estrategia de educación para el correcto uso de los antibióticos, en estas comunidades es más importante pensar en intervenciones que mejoren el saneamiento ambiental en los domicilios”.

Celia Cordón, directora de el Centro de Estudios en Salud, Universidad del Valle de Guatemala.

Crédito de la imagen: Cortesía de Celia Cordón.
 
Para la investigación, los científicos tomaron muestras en 196 hogares de zonas urbanas y rurales de cuatro comunidades en las tierras altas y bajas occidentales de Guatemala. Las comunidades elegidas están en áreas con índices de pobreza de entre 43 y 73 por ciento.
 
El objetivo fue determinar la distribución de Escherichia coli en las heces de 273 individuos, 195 adultos y 78 niños, y su nivel de resistencia a diez antibióticos. Los resultados luego se cruzaron con las condiciones de higiene de cada hogar medidas en un índice.
 
Así se determinó que cada punto extra en la escala de higiene en los hogares equivale a una reducción de entre 30 y 50 por cierto en las probabilidades de detectar bacterias resistentes en sus habitantes.
 
Esto tiene implicaciones muy grandes, dijo Cordón. “Si bien es necesario promover una estrategia de educación para el correcto uso de los antibióticos, en estas comunidades es más importante pensar en intervenciones que mejoren el saneamiento ambiental en los domicilios”, advirtió. De los hogares encuestados, la mayoría tiene un saneamiento deficiente (89 por ciento). Además, cerca de la mitad comparte un inodoro que no se encuentra dentro de la vivienda, algo más frecuente (73 por ciento) en las zonas rurales que en las urbanas (33 por ciento). Por otro lado, más de un tercio de los hogares se definen como hacinados o con más de tres personas por dormitorio.
 
Estas condiciones ayudan a la proliferación de patógenos resistentes porque no hay barreras que limiten su propagación entre personas. “Cuando las medidas de higiene son altas es más probable que la bacteria se quede y muera en quien afectó originalmente”, explicó por teléfono a SciDev.Net Gonzalo Osorio, académico de Microbiología y Micología del Instituto de Ciencias Biomédicas de la Universidad de Chile, y quien no fue parte del estudio.
 
El trabajo también detectó que si bien en términos generales había mayor resistencia a los antibióticos en las zonas rurales estudiadas, cuando se aislaban factores como edad o el consumo de estos fármacos, la resistencia era más alta en las zonas urbanas. La multiplicidad de factores involucrados hace difícil determinar la razón exacta de ello.
 
Cuánto afectan cada medida de higiene, como el acceso a agua potable o la mejora en los baños, a la proliferación de bacterias con resistencia a los antibióticos aún no se ha determinado. Por eso son necesarios más estudios, dijo Cordón.
 
Osorio coincide con la necesidad de profundizar en los datos, pero resalta la importancia de lo ya obtenido. “No siempre es necesario usar tecnologías sofisticadas o desarrollar nuevos medicamentos. Se pueden manipular variables conocidas (como las de higiene) y tener una efecto sumamente relevante en la resistencia bacteriana”, opinó.

> Enlace al estudio en Scientific Reports